Grabado de Pinto de 1851.El Tío Claridades, creado en Pinto alrededor del año 1880, es el precursor de la prensa local del sur de Madrid.
El Tío Claridades, creado en Pinto alrededor del año 1880, es el precursor de la prensa local del sur de Madrid. Muy poco sabemos de este periódico del que no se conserva ningún ejemplar. La primera noticia de su existencia se la debemos al que fuera director de la revista Andares, Carlos Aguado Hípola, quien en el primer número (marzo 1980) relató que, en una visita al Hogar del Jubilado de Pinto, un miembro de la familia Jordán le contó que un siglo antes (hacia 1880) su abuelo vendía el periódico Claridades, por lo que la familia recibió el apodo de ‘Claridades’.
Con estos recuerdos y nebulosos testimonios, Aguado definió algunos rasgos de lo que hoy sabemos que es la cabecera más antigua del Madrid meridional. Así nos cuenta que, aunque “los redactores no residían en Pinto”, “los contenidos sí eran netamente locales” y que “la redacción y la imprenta estaban ubicadas en la calle de la Silla, nº 10” (a esta calle le cambiaron el nombre por el de República Dominicana3 en 1946).
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También relata que “el periódico no estaba legalmente registrado”, lo que “explica que no haya rastro de él en las hemerotecas”. En cuanto a su permanencia en el tiempo, señala que “duró unos 20 años”, pero es muy improbable que una publicación de esa época permaneciese viva tanto tiempo. Entonces los periódicos eran efímeros y la inmensa mayoría no pasaban del año.
La siguiente referencia de El Tío Claridades la aportan los periodistas Sonia Coronel y Valentín Bustos, quienes en 1991 reproducen en uno de sus 12 artículos sobre la historia de la prensa de Pinto, que publicaron en la recién creada revista ZIGZAG, la información aportada por Aguado once años antes. Desde entonces y hasta ahora no volvieron a aparecer referencias al pionero de la prensa local del sur de Madrid.
En el artículo citado de Aguado se apuntaba que “después de Claridades, el siguiente periódico histórico fue Entre Pinto y Valdemoro”, aunque añadía: ”puede ser que hubiese existido en Pinto alguna otra publicación antigua, pero solo pudimos descubrir esas dos”. Hoy podemos responder a las dudas de Aguado señalando que, efectivamente, después de El Tío Claridades (ca. 1880) —que ese era el nombre completo de la cabecera, no sólo ‘Claridades’— y antes de Entre Pinto y Valdemoro (1922) hubo otras publicaciones que completan los orígenes históricos de la prensa local pinteña: La Voz de la Verdad (1897), La Crónica de los Carabancheles (1897), La Región (1913) y El Eco de Getafe (1918).
La prueba documental
Pero la prueba documental de la existencia de El Tío Claridades la encontramos —después de decenas de horas de lectura de prensa histórica de nuestro ámbito geográfico— en el nº 56 del periódico La Región (31/03/1916). Allí el corresponsal pinteño Enrique de Lossa, respondiendo en tono jocoso a un ataque anónimo de “un vecino de Pinto” dice: “su hoja llegará seguramente a ser histórica en los anales del periodismo de este pueblo, donde nació, vivió y murió El Tío Claridades y La Voz de la Verdad, ambos de grato recuerdo, así como su propietario, D. Emilio Pastrana”.
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En cuanto al sustantivo ‘tío’, que formaba parte del título del primer periódico de Pastrana, fue usado en numerosas cabeceras desde comienzos del siglo XIX. Estas cabeceras solían tener en común su carácter de satíricas y humoristas y otras veces eran órganos de militancia política e ideológica. Ejemplos de ello son El Tío Tremenda (1812), El Tío Camorra (1847), El Tío Nonilla (1849), El Tío Cayetano (1858), El Tío Clarín (1864), El Tío Conejo (1875), El Tío Paco (1897), El Tío Cuc (1916)… Hasta tiempos relativamente recientes en los que una célebre y conocidísima revista de humor también tenía en su cabecera el sustantivo ‘tío’, el Tío Vivo (1957-1986).
Emilio Pastrana, juez y primer empresario periodístico de Pinto
La declaración de Enrique de Lossa es la única prueba documental que conocemos de la existencia de El Tío Claridades. Pero, además, gracias a ella, sabemos que el propietario y director de la publicación era Emilio Pastrana y Lera, el mismo personaje que, años después de la desaparición de El Tío Claridades, creará en 1897 un nuevo periódico en Pinto, La Voz de la Verdad.
De esta última publicación conservamos una lámina que reproduce la portada del nº 4, en la que al pie podemos ver la firma de Pastrana así como la dedicatoria manuscrita que hace “a mi amigo Julián López”.
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Por otro lado, quien firma el artículo de esa portada es el cura párroco de Pinto, Don Francisco Villarino. Otro personaje local destacado que también era redactor de los periódicos de Pastrana era el secretario del Ayuntamiento de Pinto, Sr. López Fernández, y lo sabemos porque lo dice él mismo en La Crónica de los Carabancheles. Esto viene a poner en duda la afirmación recogida por Aguado de que “los redactores no residían en Pinto”. Probablemente escribirían profesionales, intelectuales y personas foráneas de las clases dirigentes con las que se trataba Pastrana, pero también gente de la élite pinteña, como eran el propio Pastrana, el párroco y el secretario del Ayuntamiento.
Los elogios del periodista Enrique de Lossa a Emilio Pastrana y a sus dos publicaciones decimonónicas, décadas después de desaparecer, son un indicio de que esos periódicos tuvieron importancia en Pinto entre las clases ilustradas, que era a las que iban dirigidas. Sin duda, Don Emilio debió ser un personaje culto e inquieto, con una pulsión especial por comunicar puesto que creó dos periódicos en un pueblo de pocos habitantes. Además de su faceta de editor de prensa sabemos que también llegó a ser juez municipal de Pinto.
Por otro lado, extraña que Rosario Acuña, la personalidad más relevante que vivió en Pinto entre 1881 y 1891, no haya mencionado en sus muchos escritos, ni siquiera en sus cartas, al periódico El Tío Claridades ni a su director y editor, Emilio Pastrana. Y más teniendo en cuenta que en 1885 Acuña publicó en Las Dominicales del Libre Pensamiento un encendido elogio de la generosidad del pueblo de Pinto con frases como “¡loor a Pinto!” y “¡bendito sea Pinto!” por la generosa respuesta que tuvo su iniciativa de recaudar fondos para paliar los estragos de una grave epidemia de cólera que asolaba Murcia. En dicho artículo cita a varios personajes de la élite social pinteña —Ramón Herreros, médico titular del pueblo; Tomás Pareja, exalcalde republicano; Federico Rubín, teniente alcalde; Lanzagorta, propietario; Francisco Illescas, comerciante; las señoras Juliana Pareja y Bernardina Martínez…— pero no cita al editor del periódico local y juez municipal, Emilio Pastrana, que fue uno de los mayores donantes. Eso sí, tres días después del artículo laudatorio a la generosidad del pueblo pinteño, publica en el mismo periódico, Las Dominicales del Libre Pensamiento, bajo el titular “El pueblo de Pinto”, la lista de los 123 donantes que respondieron a su iniciativa de ayuda, en la que figura Emilio Pastrana como el quinto mayor contribuyente.
Sabemos que Emilio Pastrana fue el editor de los primeros dos periódicos locales decimonónicos del sur de Madrid, sabemos también que ejerció como juez municipal de Pinto, que disponía de una situación económica desahogada, que “nació, vivió y murió” en Pinto, como testimonió Enrique de Lossa en 1916. Sin embargo, aún no hemos encontrado las respectivas partidas de nacimiento y defunción, por lo que no podemos precisar ni el año de su nacimiento ni el de su muerte, aunque sabemos que lo esencial de su vida transcurrió en la segunda mitad del siglo XIX y que en 1916 hacía ya unos años que Don Emilio había fallecido.
El Pinto de la segunda mitad del siglo XIX
Mediado el siglo XIX, Pinto era una pequeña población de apenas 2.000 habitantes, la mayoría de los cuales eran analfabetos. Según el Diccionario de Madoz, Pinto contaba con “una escuela de primeras letras para niños [y] otra de niñas [a la que] asisten 54 [niñas]”. Pero “todavía en 1860, en España eran analfabetas el 86% de las mujeres y el 65% de los hombres, porcentaje que solo había bajado hasta el 71% (mujeres) y el 56% (hombres) en 1900 [mientras que] en Francia y en Inglaterra el analfabetismo había desaparecido prácticamente para ambos sexos”, lo que ilustra bien a las claras la situación de atraso cultural y educativo de España en esa época.
Esta carencia fue consecuencia, entre otros desgraciados aconteceres, de la derogación de la Constitución de Cádiz de 1812 por el rey Fernando VII, probablemente el más felón e infame monarca que haya tenido España. Esa primera constitución, confesional y patriarcal pero también avanzada para su época, dedicaba un título a la Instrucción Pública, en el que también se abolía la censura previa y se reconocía la libertad de expresión.
Pero también las clases acomodadas tenían otra visión del Pinto de la época. Así en su obra “La esposa mártir” (1886), el escritor Enrique Pérez Escrich relata que, con el buen tiempo, los pudientes “abandonan la corte —dice—, el aristócrata se marcha a Biarritz, el sabio a Alemania, el pintor a Francia y el cantante a Italia, y yo, lector querido, me vengo a Pinto, donde me tienes cazando codornices (…). Pinto es casi un arrabal de la corte donde se haya uno distraído y alegre (…). Hay un teatro decente, buenos amigos, campos alegres, aires saludables y franqueza, que es lo principal. Aquí se come bien, se caza mucho, se habla de todo menos de política y se pasa agradablemente la vida. Pinto tiene además sus recuerdos históricos y sus monumentos de arte [como] el torreón donde estuvo la princesa de Éboli [o] una iglesia notable”.
En 1851, la inauguración de la línea de ferrocarril Madrid-Aranjuez, con estación en Pinto, trajo como consecuencia la instalación de la fábrica de chocolate La Colonial en 1866, que llegaría a ser la más importante del sector en España. Éste será el único establecimiento industrial importante instalado en Pinto en el siglo XIX y contribuirá de forma decisiva a una incipiente modernización del municipio y a su mejora del nivel de vida. Pero la actividad económica de los pinteños siguió siendo predominantemente agrícola.
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Dada la escasa población, la precariedad económica generalizada y el exiguo número de personas que sabían leer en Pinto, El Tío Claridades tendría una tirada escasa. En cuanto a su composición, lo más probable es que se imprimiese a un color, a dos o tres columnas y sin gráficos ni ilustraciones y en cuanto a su estructura sería un díptico, es decir, cuatro páginas (pliego plegado al centro), que era la paginación habitual de la prensa de la época y que fue la que tuvo el segundo periódico creado por Pastrana, La Voz de la Verdad.
En todo caso, El Tío Claridades, junto con La Voz de la Verdad, que trataremos en el siguiente capítulo, así como su editor Emilio Pastrana y Lera, son dos momentos estelares del periodismo pinteño que debemos poner en valor por ser los pioneros de la prensa local del sur de Madrid.





















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