Madrid arde en un mar de confinamiento selectivo caótico que crea agravios comparativos y rencores soterrados, mientras Sánchez y Ayuso se citan para después del finde.
![[Img #27148]](https://zigzagdigital.com/upload/images/09_2020/1491_ayuso-sanchez.jpg)
Ni Dios sabe lo que hay que hacer, que no es lo mismo que lo que no se debe hacer. Y lo que no se debe hacer es no hacer nada cuando semana tras semana ves avanzar el lobo con más y más velocidad y sigues exponiendo a las ovejas a un fin inexorable. La pareja Sánchez y Ayuso, Ayuso y Sánchez se pasó el verano de tumbona en tumbona y ahora ya es tarde porque el virus no tiene vacaciones.
Sánchez se ampara en la ‘cogobernanza’ y Ayuso anuncia tiritas confusas para cerrar una herida que no para de crecer. Los dos convergen para citarse sin prisas dentro de cuatro días, tras el finde. Y el covid, si tuviera consciencia, festejando las quedadas de la pareja de baile.
No sé cómo calificar la actitud de Ayuso, si irresponsable e incapaz o fruto de la ínsita crueldad ideológica de su discursito de polarización, victimismo y confusión. Una montaña de errores o un mar de crueldad. Tampoco sé si calificar la irresponsabilidad de Sánchez de ejercicio de dejación del deber o cálculo siniestro, el deseo de que se quemen otros. ¿Se acuerdan de las arengas bélicas de Sánchez? “En la guerra al virus, jamás nos doblegaremos, resistiremos, venceremos”, afirmaba entonces un presidente con ‘mando único’.
Jugar con fuego nos ha devuelto a la zona de máximo peligro sanitario, a la retracción de la demanda y a la caída de empleos y empresas. La anestesia no puede ser infinita porque no será posible mantener los ERTE indefinidamente.
El jocoso adagio de Groucho Marx, “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, es una realidad desabrida en España. Las pruebas son infinitas por toda la geografía nacional. La crisis del covid-19 está mutando. En la ciudadanía —cansada, desamparada, traicionada—se está instalando una crisis de confianza en un sistema que no funciona porque los líderes no resuelven los problemas y crean otros nuevos.
Madrid arde en un mar de confinamiento selectivo caótico que crea agravios comparativos y rencores soterrados, mientras Sánchez y Ayuso se citan para después del finde. Pues eso.
















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