El sueño de Veronika
Hoy me siento feliz. Acabamos de recibir la buena noticia de que Veronika ya tiene el visado de entrada en España.
Ayer viajó a Bombay, acompañada por una monja y el secretario de Matruchhaya. Esta mañana temprano se dirigieron al Consulado, donde pegaron en una de las páginas de su pasaporte el permiso de entrada en nuestro país. Desde que Reme estuvo en esas oficinas con Veronika, los funcionarios encargados de los visados, probablemente conmovidos por las difíciles circunstancias de la niña, y por el extraordinario coraje y generosidad de nuestra amiga, han sido sumamente amables y han hecho todo lo que estaba en su mano para que el sueño de Veronika pudiera hacerse realidad. Ahora sólo falta esperar hasta el próximo sábado 24 de septiembre, día en que saldrá de India acompañada por una amiga de Reme que viajará con ella hasta nuestro país, donde estará esperándola quien será su nueva madre.
Las dificultades serán muchas: un idioma totalmente desconocido, un nuevo lugar donde vivir, una nueva familia, una nueva escuela, nuevos compañeros y amigos, revisiones médicas para tratar de hacer que recupere algo de visión en su ojo izquierdo. Importantes retos para una niña invidente que ha pasado la mayor parte de su vida entre el orfanato y el internado, pero nunca ha dejado de anhelar una familia.
Precisamente, poco después de contar por correo electrónico las intenciones de Reme, una niña de Matruchhaya que fue adoptada junto con su hermana por una pareja española en 2010, me escribió recordándome que en Matruchhaya ella era muy buena amiga de Veronika. Deseaba que la pusiese en contacto con la nueva familia de su amiga para intentar verla en España. Me vino a la memoria entonces que, cuando sus padres viajaron al orfanato para recogerlas a ella y a su hermana pequeña, nosotros estábamos allí trabajando con los niños. Creo que todos en el orfanato nos dejamos contagiar por la exultante alegría de las dos niñas y de sus padres, pero esa felicidad se vio un poco enturbiada en el último momento por la cara de tristeza que se les quedó a varios de los internos del orfanato que, al llegar la hora del último adiós, debieron preguntarse por qué a ellos nunca les llegaba ese momento de dicha. Verónica era una de las más afectadas. Aunque hicimos todo lo posible para ahuyentar de su mente esos pensamientos pesimistas, llevándoles un día al cine (aún siendo ciega, Veronika no se ha querido perder ninguna sesión de cine), otro a la piscina y yéndonos de excursión con todos ellos a Udaipur, en el corazón del Rajastan, la tristeza volvió a aflorar en los ojos de Veronika en el momento en que, terminadas ya sus vacaciones del Diwali, la acompañamos, como todos los años, a su escuela especial para niñas invidentes, con internado, en Ahmedabad.
Ese ha sido precisamente uno de los momentos más duros de nuestra estancia en Matruchhaya cada año. Siempre es difícil decir adiós a personas que quieres sabiendo que tardarás un año en volver a verlas, pero en el caso de Veronika esa despedida era particularmente amarga porque ella tenía que abandonar Matruchhaya para regresar a un lugar, su internado, que cada vez le resultaba más insoportable. El recuerdo del llanto de Veronika, que es una niña que nunca se queja por nada, normalmente me acompañaba durante todo el viaje de vuelta a España. Más, después de haberme dicho que se sentía infeliz en ese lugar, que la comida era mala y escasa, y que los profesores no trataban bien a las alumnas, una queja que parece consustancial a la adolescencia, pero que en el caso de Veronika me preocupaba porque sabía que era una niña dura y obediente, que nunca se quejaba por capricho.
Una vez que acompañamos a Veronika a su internado, no recuerdo qué año, me senté a su lado en el autobús. Cuando pasamos por un camino con baches, Veronika me echó su brazo por encima del hombro con la intención de agarrarme para evitar que pudiera caerme con los movimientos del vehículo. Entonces el conductor frenó bruscamente y yo me golpeé la cabeza con los asientos de delante sin que Veronika pudiera evitarlo. La niña me pidió perdón, como si fuera responsabilidad suya cuidar de mí.
Cuando Veronika llegue a España, nosotros estaremos en Nepal para pasar un mes trabajando con los niños de Bal Mandir y después otro mes en India con los de Matruchhaya. Sin duda, echaremos de menos a Veronika, pero nos reconfortará la alegría de saber que en cuanto regresemos a casa nos encontraremos con ella.
José Luis Gutiérrez
José Luis Gutiérrez Muñoz es Profesor Titular del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Residente en Pinto, es el promotor de una labor humanitaria, desde 2004, en orfanatos de India, Nepal y Ecuador. Ha publicado dos libros sobre sus experiencias, "De sol y de luna", en el que relata la adopción de sus dos hijas, y "La balsa de Quingue", relatos sobre la vida de los niños y niñas de estos orfanatos. Este año publicó su primera novela "Por amor al arte".
















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