Colegio Juan Pablo II
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José Luis Gutierrez

Cartas desde Nepal: Representación

Jueves, 08 de Noviembre de 2012 Tiempo de lectura:

El 4 de noviembre, a las 11 de la mañana, en la sala de juntas de la zona noble del edificio que aloja las oficinas de la NCO y el orfanato Bal Mandir, representamos "La cometa y la ruta mágica", la obra que hemos estado preparando con los niños durante las últimas semanas.

Estábamos nerviosos porque en esta ocasión la obra dependía de numerosos aspectos tecnológicos cuyo funcionamiento aquí resulta impredecible.

Implicamos a nuestro amigo Mahen como narrador del cuento, que permanecía sentado en una butaca antigua, posiblemente de la época en que el edificio fue un palacio. Mahen se encontraba entre el público y el escenario. Con ayuda de un micrófono fue narrando todo en nepalí, tratando de enfatizar mucho para capturar la atención de los niños. La sala se llenó con todos los internos, más las cuidadoras y empleados de Bal Mandir, pero además vinieron algunos chicos y chicas ex Bal Mandir, empleados de las oficinas de la NCO y algunos amigos nuestros de Katmandú a quienes habíamos invitado. Faltó Rebeca, que lleva un par de semanas sin venir al orfanato que dirige por culpa de un catarro.


Los niños, incluso los más pequeños, prácticamente ni pestañearon. Lo contemplaron todo con los ojos muy abiertos, con cara de asombro y expectación. Se rieron abiertamente cuando tocaba reírse, y se sintieron directamente concernidos porque la historia se desarrollaba en su propio orfanato y los protagonistas, como Sudip, Pradip, Kalpana, Lata o Roji eran parte de su familia. De vez en cuando escuchaba la risa de Lata, quien además a veces daba sonoras palmadas, y también la de Roji. Entre el público descubrí también a Aacriti, la niña invidente con la que trabaja Dididai, quien también parecía estar disfrutando de la función a pesar de su ceguera.


Algunas partes de la historia se explicaban con imágenes de video que Carlos había traído preparadas desde España, con subtítulos en inglés, pero también narradas en nepalí por Mahen. Esas escenas se proyectaban sobre la pantalla con un cañón de video situado en el área del público. En ocasiones apagábamos el cañón y entendíamos un proyector de transparencias, situado por detrás de la pantalla, con el que hacíamos el juego de sombras. En ciertos momentos los actores salían del mundo de las sombras, detrás de la pantalla, y continuaban su representación por delante de la pantalla. Pero además intercalamos siete bailes en los que participaron más de una docena de niñas y niños. Fue muy entrañable el momento en que Asha, la más veterana del orfanato, con síndrome de Down, capitaneó el equipo de raperos, que la hacían corro y la vitoreaban cuando ella bailaba.


Finalmente la tecnología no nos traicionó. Poco antes de empezar se fue la luz, algo muy habitual en Katmandú, pero habíamos comprado varios litros de gasoleo e inmediatamente pusimos en marcha un generador que nos proporcionó la corriente eléctrica necesaria para la función.


Después de comer regresamos a Bal Mandir para despedirnos de todos nuestros niños. Como en anteriores ocasiones, hubo besos, abrazos y algunas lágrimas, pero nos fuimos con la alegría de saber que habíamos hecho un buen trabajo, y que los niños habían disfrutado intensamente durante estas tres últimas semanas. Dentro de un rato cogeremos el avión que nos llevará de vuelta hacia España. Durante el viaje intentaré ahuyentar de mi mente las preocupaciones por el futuro incierto de estos niños. Seguro que entre todos seremos capaces de encontrar soluciones.

 

Katmandú, a 5 de noviembre de 2012.

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