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Meli, el sabio de Pinto

Raúl Martos Martínez Martes, 03 de Noviembre de 2026 Tiempo de lectura:

Conversar con Meli es hablar con un hombre que ha respirado fútbol por los cuatro costados. Por ello, sorprende conocer que detrás de su renuncia se esconde un motivo de fondo simple, pero revelador: el pinteño es incapaz de ver el lado bueno del deporte que tantas alegrías le ha dado a lo largo de su vida.

El Atlético de Madrid tenía a su sabio, Luis Aragonés, y este verano el deporte pinteño ha despedido al suyo. Melintón Pardo (Herguijuela, 1949), entrenador desde hace 46 años y uno de los fundadores del ADYC Pinto, presentó su renuncia de todos sus cargos en el club el pasado 27 de junio. “Motivos personales y de salud me impiden continuar desempeñando estas responsabilidades con la dedicación que el cargo merece”, explica en una carta sobre la decisión con la que pone punto y final a su trayectoria deportiva.

 

Conversar con Meli es hablar con un hombre que ha respirado fútbol por los cuatro costados. Por ello, sorprende conocer que detrás de su renuncia se esconde un motivo de fondo simple, pero revelador: el pinteño es incapaz de ver el lado bueno del deporte que tantas alegrías le ha dado a lo largo de su vida. “Evidentemente este es un acto de rebeldía, pero con 77 años y mis problemas de salud es también en gran parte por resignación. Ojalá la situación vuelva a ser la que era”.

 

La mercantilización del fútbol base y la violencia en las gradas en un problema que Meli lleva detectando desde hace año se han recrudecido especialmente desde hace dos temporadas. Uno de los casos más bochornosos se produjo hace poco más de un año en Pinto cuando el padre de un jugador del equipo rival agredió a un canterano del ADYC, pero Meli también ha sido testigo de otros sucesos de extrema gravedad como una invasión de campo en Estremera en el año 2018 ante la que el primer equipo tuvo que huir para no ser linchado por la grada.

 

“Nunca he sacado nada con el fútbol porque no he tenido aspiraciones de ningún tipo, simplemente he sido un profesional que ha intentado transmitir educación y valores, así que ahora mismo no me merece la pena”, reflexiona Meli.

 

Fútbol de barrio

 

Su amor por el deporte comenzó en las calles del barrio madrileño de Usera. Su familia decidió probar suerte en la capital como tantos otros extremeños y Meli, con 11 años, encontró en el fútbol el mejor aliado para hacer amigos. Entonces un balón de cuero y unas botas con clavos que acababan haciendo auténticos destrozos cuando se desgastaban eran recursos más que suficientes para echar un partido. Desde las inmediaciones del antiguo Matadero de Madrid en las que jugó sus primeras pachangas fichó por su primer equipo, el Ciudad de los Ángeles.

 

Por aquel entonces podrían faltar césped, buenos vestuarios y sueldos, pero los clubes iban más que sobrados de algo mucho más importante. “Lo que había era mucho compañerismo”, recuerda. Meli solía jugar como delantero o escorado a una banda, siempre alrededor de las tres cuartas partes del campo, y fue pasando por diferentes equipos como Racing de Ciudad los Ángeles, Dos de Mayo, Usera, Coren, Escolapios o Plus Ultra.

 

Mientras tanto, Meli iba ganándose la vida como podía. Con solo 12 años ya compatibilizaba los estudios con su primer trabajo en una churrería, y después fue probando suerte en una frutería, una huevería y como pinche. Todo cambió cuando entró en una empresa de soplado de vidrio industrial en la que conoció a su mujer, con la que ha tenido dos hijos, Sara y Mario.

 

La familia se trasladó a Pinto en 1976, año en el que tras hacer la pretemporada con el Atlético de Pinto optó por colgar las botas. “Ya estaba un poco lento y pensé que si me echaban del trabajo porque accidentalmente me rompía una pierda podría crear un problema económico a la familia”. Sin embargo, su relación con el mundo del fútbol estaba muy lejos de terminar.

 

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Entrenador y psicólogo

 

Aunque hoy tiene todos los títulos habidos y por haber, aquella era una época en la que para entrenar solo hacía falta tener ganas. Empezó su labor en los banquillos en Pinto en el año 1981 y cuatro años después obtuvo el título de entrenador. Bajo sus órdenes han pasado jugadores de absolutamente todas las categorías y de equipos tan distintos como Atlético de Pinto, Ciudad de los Ángeles, Dos de mayo, Colonia de Moscardó o ADYC Pinto. Incluso formó parte del Patronato Deportivo Municipal junto con el otro personaje ilustre del deporte pinteño, Pedro Rus.

 

Su filosofía como entrenador siempre ha sido la misma: que el deportista, independientemente de su calidad como futbolista, disfrute. “Los niños siempre tienen muy mala uva así que con los más pequeños tienes que ser un 90% psicólogo y un 10% entrenados. Ese porcentaje baja al 60-40 en infantiles, pasa al 40-60 en cadete, es un 10-90 en juvenil y ya con los adultos puedes ser un 100% entrenador”.

 

Así se ha ganado el respeto y el cariño de generaciones de jugadores que, bajo su batuta y con mejor o peor suerte, siempre han tenido un papel dentro del equipo. “Aunque un niño sea flojito tiene derecho a jugar. Yo, por ejemplo, a esos les decía que se pusieran arriba y que se estuvieran moviendo todo el rato porque arrastrarían a dos defensas y nosotros tendríamos un jugador más que ellos. Sin tocar ningún balón ese jugador ya era importante”.

 

Decepción

 

Son esos valores de respeto y compañerismo los que cree que se han perdido en el deporte rey. “No puede ser que en un partidito de niños de 5 años haya padres gritando en la grada e insultando, eso no es lo que viví cuando era jugador”, lamenta. En su opinión, las familias deben entender que, por encima del resultado, hay cuestiones mucho más importantes: “Cuando alguien marca un gol todo el mundo va a abrazar al delantero, pero nadie se acerca a animar al portero. Es al que falla al que hay que levantar la moral porque el que acierta ya se estimula solo”.

 

Un mal del que no es ajeno ni el club de su vida, el ADYC Pinto, del que piensa que “ha perdido los valores con los que se fundó”. Movidos por esa competitividad cada vez más salvaje, el club ha perdido en los últimos años equipos enteros que han fichado por otras entidades de la misma ciudad. “Jamás le he dicho a nadie que no le doy la carta de libertad, pero siempre advierto que lo fácil es salir y que lo difícil es volver porque nunca voy a echar a un chaval que ya está en plantilla, aunque sea peor que otro”.

 

Un juego de captación y despachos en el que el apartado económico es vital. El club ha vivido dos años duros -especialmente este último-, en los que se han producido varias salidas de entrenadores, jugadores y hasta dos directivos. “Todos ellos son personas extraordinarias con las que sigo teniendo contacto incluso con sus familias”, relata Meli que, a pesar de toda esta situación, afirma que “no guardo rencor a nadie porque la vida es tan difícil de controlar que no merece la pena estar mal”.

 

La herida es tan profunda que Meli no es capaz de encontrar una sola cosa que haya mejorado en el fútbol desde hace diese su primera patada a un balón hace seis décadas. “No hay nada que rescatar”.

 

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Merecido descanso

 

Independientemente de sus desavenencias, la decisión de Meli está en buena parte condicionada por el infarto que sufrió en 2014. “Los cardiólogos me recomiendan que, con mi problema de patata, sufra el menor estrés posible”, por lo que ahora tendrá más tiempo para disfrutar de su familia y especialmente de sus dos nietos. Uno de ellos, Hugo, también es un apasionado del fútbol como su abuelo y su padre Mario y actualmente juega en Nacional con el equipo juvenil del Fuenlabrada.

 

Porque lo cierto es que Meli podrá separarse del fútbol, pero el fútbol nunca se separará de él. “Soy muy viejo, pero siempre me ha gustado el fútbol y me sigue gustando”. Su afición por el Atlético de Madrid llegó de pura causalidad cuando, con 9 años, su padre compró para su primo y para él una insignia rojiblanca y otra del eterno rival, el Real Madrid. El azar le llevó al bando sufridor, pero piensa seguir siendo fiel a los colores de la misma manera en la que ha defendido sus principios. Esos que le han granjeado un nombre para el recuerdo en el deporte de Pinto.

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