Invasión, maldad y estupidez
¿Hasta cuándo, Pedro Sánchez, abusarás de la prerrogativa de no convocar elecciones negando la voz al pueblo soberano como exige una democracia sana?
Al día siguiente de la invasión de Ceuta, el presidente del Gobierno acudió al escenario del crimen para proclamar que se había producido “un ataque a la integridad territorial de España”, al tiempo que exculpaba absolutamente al Gobierno marroquí, opinión que nadie –salvo su partido– ha respaldado, ni siquiera sus socios más alejados de los intereses comunes de España. Luego, se fue impúdicamente de vacaciones y dejó el relato en manos de sus ministros más chocarreros, que dieron el problema por resuelto el mismo día 1 de agosto: “La cooperación leal de Marruecos, un socio absolutamente fiable, ha permitido revertir la situación en 24 horas” (Marlaska). Unas horas después, el ministro ‘jabalí’ Óscar Puente, con una clarividencia digna de mejor causa, pontificó jactanciosamente: “Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez”.
Mientras, en el mundo real, las cosas son muy distintas, incluso dramáticas, en una ciudad puesta patas arriba por la invasión que se agrava con el paso del tiempo. Sin embargo, en un ejercicio de cinismo tantas veces repetido, pero especialmente perverso en este caso, Pedro Sánchez ha trocado (“cambio de opinión”) el “ataque a la integridad territorial” por una “crisis migratoria”, para acabar diagnosticando, tras el regreso de sus obscenas vacaciones, que la culpa de todo es de Israel, Rusia y la “internacional ultraderechista”.
La conjunción de maldad y estupidez de un Gobierno a la deriva está poniendo al Estado al borde del colapso. Es absolutamente estúpido declarar el primer día que la invasión fue “un ataque a la integridad territorial de España” y después intentar construir un relato de crisis humanitaria.
Estupidez y maldad que se acrecientan con el empeño oficialista gubernamental de desacreditar a los servicios de inteligencia españoles, a la policía, al presidente de la ciudad española agredida (que le dio una lección a Mazón de cómo comportarse en una crisis), a los jueces y al jefe del Estado.
El último capítulo (por ahora) de la estulticia de este Gobierno tramposo y okupa fue el anuncio del presidente en el Congreso de que haría públicos los documentos clasificados de la crisis de Ceuta. Días después, resultó que los documentos hechos públicos vinieron a delatar que el relato de esta crisis montado por el Gobierno ha sido falso desde el principio hasta el final.
Por supuesto que Marruecos sabía lo de la invasión. También España, claro. Y, obviamente, los servicios de información y las fuerzas de seguridad de ambos países habían alertado de lo que iba a pasar. Es una idiotez pasarse un mes negando la obviedad para al final sacar los papeles que acreditan el embuste.
Al igual que la diatriba de Cicerón –Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? (¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?)– contra el corruptor de la República romana, una gran mayoría de españoles clama contra el presidente del Gobierno español: ¿Hasta cuándo, Pedro Sánchez, abusarás de la prerrogativa de no convocar elecciones negando la voz al pueblo soberano como exige una democracia sana?
















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