Ceuta también necesita nuestro apoyo
Desde Valdemoro, solidaridad con quienes llegan y con quienes viven allí.
Hablar de Ceuta es hablar de una frontera, pero también -y quizá, sobre todo- de una ciudad. Una ciudad habitada por personas que tienen derecho a vivir, trabajar, estudiar, pasear por sus calles y disfrutar de sus espacios públicos en condiciones de seguridad, dignidad y armonía.
Desde Valdemoro queremos trasladar nuestra solidaridad a todas las personas que se encuentran en Ceuta afrontando una situación difícil: a quienes llegan huyendo de la pobreza, de la falta de oportunidades o de circunstancias que les han obligado a abandonar sus hogares, a quienes son víctimas de un sultán irresponsable que celebra su cumpleaños enviando a jóvenes a ahogarse en el mar.
Pero la solidaridad no puede tener una sola dirección.
También queremos expresar nuestra solidaridad con los vecinos de Ceuta, cuya vida cotidiana se ha visto profundamente alterada por la llegada masiva de personas y por la presión que esta situación ejerce sobre servicios públicos y espacios de convivencia.
No hay que elegir entre la solidaridad con quien llega y la solidaridad con quien acoge. Ambas son compatibles.
Reclamar seguridad, convivencia y espacios públicos habitables no convierte a nadie en insolidario, racista o xenófobo. Al contrario: significa defender que los derechos deben ser para todos.
Existe un concepto que deberíamos reivindicar con fuerza: el derecho a la ciudad. El derecho de un niño a jugar en un parque, de una persona mayor a sentarse en una plaza, de una familia a disfrutar de los espacios públicos, de un comerciante a desarrollar su actividad y de cualquier vecino a caminar por su barrio sintiéndose seguro.
Una sociedad verdaderamente integradora no puede construirse haciendo que unos derechos se ejerzan a costa de otros. La integración exige recursos, planificación, servicios públicos suficientes y políticas que hagan posible la convivencia.
Porque la convivencia no se decreta: se construye.
Y para construirla hay que atender tanto a las personas que llegan como a las comunidades que las reciben. Cuando los recursos son insuficientes, los servicios públicos se ven desbordados o los vecinos sienten que determinados espacios dejan de ser seguros y habitables, el problema no desaparece mirando hacia otro lado. Hay que afrontarlo.
Ceuta no es solamente una frontera. Ceuta es el hogar de miles de ciudadanos.
Por eso nuestra solidaridad debe ser amplia: con quien llega, con quien acoge, con quienes trabajan para atender esta situación y, por supuesto, con los vecinos que necesitan respuestas.
Necesitamos una política migratoria que combine humanidad y responsabilidad; que proteja a las personas vulnerables, pero que garantice también que las ciudades receptoras cuentan con medios suficientes y que sus vecinos puedan disfrutar de seguridad y espacios públicos habitables.
Desde Valdemoro sabemos bien lo que significa reclamar el derecho a unos servicios públicos dignos, a unos barrios cuidados, a unos espacios públicos seguros y a una ciudad pensada para las personas. Sabemos que la calidad de vida de los ciudadanos también depende de algo tan sencillo como poder utilizar una plaza, pasear por una calle o disfrutar de un parque con tranquilidad; por eso queremos decir alto y claro: Ceuta no está sola.
Porque una sociedad solidaria no obliga a elegir entre humanidad y seguridad, acogida y convivencia, derechos y responsabilidad.
Los derechos no se restan: se garantizan.
Y esa es, precisamente, la verdadera solidaridad: no dejar a nadie atrás. Ni a quien llega. Ni a quien acoge. Ni a quien simplemente quiere vivir en paz en su propia ciudad.
















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