La calle
Vive España estos días agitada por lo que está sucediendo en Ceuta. Y no es para menos. Mientras el curso escolar ha arrancado con normalidad en toda España, allí los colegios han abierto con seguridad privada y agentes de la Guardia Civil asentados en sus puertas para garantizar la seguridad de los menores. Aun así, muchas familias han optado por dejar a sus hijos en casa estos días como consecuencia de un temor que solo pueden palpar quienes viven en la ciudad.
Todo comenzó el 30 de julio con la entrada de 72.000 inmigrantes que cruzaron ilegalmente la frontera entre Marruecos y España, un movimiento organizado del que todavía no se conoce a los responsables y por el que han muerto al menos 140 personas. La inmensa mayoría retornó voluntariamente a Marruecos, pero a día de hoy entre 5.000 y 15.000 inmigrantes permanecen en Ceuta con la esperanza de poder quedarse en Europa. Y lo hacen en unas condiciones indignas, tanto para ellos mismos como para la ciudadanía ceutí.
A pesar de lo que esperaba el Gobierno central de PSOE y Sumar, la situación no ha pasado desapercibida en el resto de comunidades autónomas. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) canalizó toda esa indignación convocando concentraciones frente a las puertas de todos los ayuntamientos de España "como muestra de solidaridad y apoyo a Ceuta". El organismo, controlado en este mandato por el Partido Popular, lo hizo sin contar con el resto de partidos, lo que demuestra el trasfondo político que realmente tenía la convocatoria, a pesar de su encabezado.
Pero lo cierto es que las concentraciones respondían a una preocupación de la ciudadanía, más centrada en lo que está sucediendo que en el juego que se traen los partidos. Las plazas de las localidades de todo el país se llenaron para mostrar su indignación ante la mayor crisis migratoria de la historia de nuestro país, que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó como un "ataque" y una "violación de la integridad territorial" de España. Y, a pesar de ello, la consigna de los socialistas fue la de no respaldar la convocatoria, enmascarando su apoyo sin fisuras al partido con un supuesto rechazo al modo de proceder de la FEMP.
Las agrupaciones municipales salvaron los muebles como pudieron. En San Martín se convocó una concentración propia a una hora distinta y en Ciempozuelos se trató de consensuar un comunicado alternativo. Ni unos ni otros fueron siquiera capaces de ponerse de acuerdo en un tema de tanto calado como este, lo que dibuja un panorama desolador en un curso en el que las urnas decidirán el futuro a nivel local, regional y nacional.
















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