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Jesús Paniagua

Valdemoro: ¿Hogar o dormitorio? El reto de recuperar la vida de barrio

Lunes, 27 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

Valdemoro ha pegado un estirón tremendo. Ya rozamos los 90.000 vecinos y no hace falta mirar las estadísticas para darse cuenta: basta con intentar aparcar junto a la estación a las seis de la mañana o cruzarse el pueblo un martes por la tarde. El problema es que crecer muy rápido no siempre significa crecer bien. Toca hacernos una pregunta incómoda: ¿Nos estamos convirtiendo en una ciudad dormitorio más o todavía estamos a tiempo de hacer comunidad?

 

El peligro del modelo "ciudad dormitorio" es que terminas desconectando del sitio donde vives. Si el municipio es solo ese lugar donde dejas el coche tras el atasco de la A-4, donde duermes y desde el que te quejas del Cercanías, la ciudad se queda sin vida. Tu día a día pasa en Madrid y el fin de semana te vas a consumir a un centro comercial de las afueras. Ya nos decía el sociólogo Richard Sennett que “Una ciudad no es solo un conjunto de edificios, sino un tejido de relaciones humanas”.

 

 

Y es una pena, porque Valdemoro tiene mimbres para otra cosa. Queda comercio de toda la vida, hay asociaciones que se mueven mucho, clubs deportivos que triunfan en competiciones de todas las disciplinas y los barrios nuevos están llenos de gente joven que tiene ganas de hacer pueblo. La gente quiere hacer vida aquí, pero a veces parece que el entorno no lo pone fácil.

 

Uno de los termómetros más claros de esta situación es el comercio de proximidad. Cuando una persiana se cierra en el centro o en los barrios, no solo se pierde un negocio; se pierde un punto de encuentro, una cara conocida y un motivo para caminar por la calle. Apoyar a quien abre cada mañana la tienda de la esquina o la galería comercial es la mejor medicina contra esa sensación de pueblo desangelado.

 

Tampoco podemos olvidarnos del deporte. Contar con instalaciones deportivas dignas, bien mantenidas y suficientes para la población que somos no es un lujo, es una necesidad básica. Cuando las pistas están abandonadas y los polideportivos arruinados, le estás diciendo al vecino que se busque la vida fuera. El deporte local une, y hace comunidad como pocas otras actividades.

 

Y lo mismo ocurre con los más jóvenes. Si a los chavales del municipio no les ofrecemos alternativas de ocio saludable, cultura a su medida y espacios donde reunirse sin tener que rascarse el bolsillo, es lógico que busquen fuera lo que no encuentran en casa o tengan como única alternativa el “botellón”.  Crear cantera de vecinos implica darles motivos desde pequeños para sentir que Valdemoro es su lugar, no solo el sitio donde están empadronados sus padres.

 

Para "hacer barrio" hacen falta dos cosas. Primero, que desde el Ayuntamiento se tome en serio el asunto: cuidar el comercio local, mantener los parques y los espacios deportivos para que se pueda entrenar y programar cultura de calidad no son caprichos, son lo que hace que la gente se quede los sábados. Y segundo, que los vecinos pongamos de nuestra parte. Comprar en la tienda de abajo, pisar las plazas y participar en lo que se organiza también es decisión nuestra.

 

Nadie pretende que Valdemoro vuelva a ser el pueblo de hace treinta años, ni tendría sentido. Se trata de decidir qué queremos ser ahora: si un simple depósito de viviendas a media hora de la capital o un sitio con personalidad donde merezca la pena echar raíces.

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