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El ascenso de toda la ciudad de Valdemoro

Héctor Molero Lunes, 13 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

El Club de Baloncesto Villa de Valdemoro ha conquistado la Liga VIPS y regresado al panorama nacional 16 años después gracias a una plantilla unida, un proyecto sólido y una afición ejemplar.

El corazón del baloncesto valdemoreño late aún con más fuerza desde que el pasado 27 de mayo el Club Baloncesto Villa de Valdemoro lograra proclamarse campeón de la Liga VIPS -primera categoría de Madrid- y ascender a Tercera FEB. Un salto adelante impulsado por una temporada inmaculada del equipo, a pesar de la exigencia competitiva de sus rivales. Pablo Mariñán y Jorge Sánchez, capitanes del equipo, y Chema Huertas analizan una temporada para la historia del club.

 

Corría el año 2010 y España experimentaba una crisis económica general que amenazaba con dejar al país al borde del abismo. El mundo del deporte no quedó exento de sufrir las mismas complicaciones por las que pasaban familias y otras empresas. Entre 2008 y 2012, siete clubes históricos desaparecieron por completo del panorama nacional. De vuelta en 2010, el Club Baloncesto Villa de Valdemoro vivía por aquel entonces un sueño. Recién ascendidos a LEB Bronce (cuarta categoría nacional), se colocaron como el cuarto equipo de la Comunidad de Madrid, solo por detrás de gigantes como el Real Madrid o el Estudiantes. Aquel año disputaron el playoff de ascenso a LEB Plata. Era el mejor momento deportivo del club… hasta que la crisis acabó con el sueño, provocando la desaparición del primer equipo. 16 años después, el Club Baloncesto Villa de Valdemoro vuelve al escenario nacional y participará en el equivalente a la LEB Bronce: la Tercera FEB.

 

Un ascenso ilusionante fundamentado en una plantilla en la que el liderazgo del equipo no recae en las individualidades. En el caso de los dos capitanes, Pablo Mariñán fue decisivo con sus 15 puntos en la final del playoff ante el Club Baloncesto Las Rozas, mientras que en la semifinal frente al Alcorcón Basket, en la que Valdemoro logró el ascenso, los 9 puntos de Jorge Sánchez llegaron en momentos clave. Pero también resaltan otros nombres destacados durante la liga regular como los de Wesley Ciprián, César Ramírez, Daniel Ruiz o Gabriel Ramírez. “Es el ejemplo de lo que somos: un equipo con varios jugadores que pueden aportar cada uno en su momento. Y aunque, sí, un jugador te puede ganar un partido, son los equipos los que ganan campeonatos”, explica Pablo Mariñán.

 

La veteranía de Jorge y Pablo ha sido un valor añadido para un plantel que mezcla experiencia y juventud. “Al llegar a los playoffs, creo que el vestuario demanda más de nosotros. Sobre todo, porque es más fácil que los jugadores jóvenes se pongan nerviosos. Es cuando más necesario se hace que los capitanes seamos cercanos con ellos”, cuenta Pablo. Jorge recuerda un momento en el que esto que comenta Pablo se puso en práctica. Fue en el calentamiento del partido de ascenso, el más disputado de los playoffs, frente a Alcorcón Basket. “Me acerqué a Dani Ruiz porque lo vi nervioso. Se le notaba en los gestos”, cuenta Jorge Sánchez. “Le pregunté cómo estaba, y me dijo: Ahora que estoy aquí, muy nervioso, ¿y tú? Yo le respondí que había estado nervioso todo el día, pero que ahora estaba súper tranquilo. Le dije textualmente: hemos llegado hasta aquí y estoy convencido de que lo vamos a sacar adelante”, relata Jorge. “Fue algo que creo que le sirvió para tener más confianza”.

 

Arquitecto y gestor

 

La cercanía de los capitanes y la fortaleza del grupo son dos ingredientes de la fórmula que ha llevado al Valdemoro al éxito. Pero a esos dos hay que añadirle un tercero y un cuarto: la continuidad de la plantilla y la gestión de Chema Huertas.

 

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En una categoría en la que el vaivén de baloncestistas de un equipo a otro cada año es la norma, el Club Baloncesto Villa de Valdemoro consiguió mantener la base que ya había, reforzando perfiles concretos que Chema Huertas tenía claro que venían para “permitir al equipo llegar lo más lejos posible”. La plantilla quedó definida en la pretemporada, lo que permitió al cuerpo técnico ir viendo brotes verdes. No obstante, esas buenas señales fueron puestas a prueba muy pronto. “Desde la primera jornada, en la que ganamos por un solo punto, cada partido ha sido una lucha tremenda. Sabíamos que teníamos un buen equipo y ha quedado demostrado con los resultados de la temporada y del playoff. La Final Four ha sido la guinda del pastel”, explica un Chema Huertas que ha tenido gran protagonismo en la confección de la plantilla.

 

Y es que el Valdemoro dejará la Liga VIPS con un currículum difícil de igualar. Finalizaron la temporada regular primeros del grupo par, con solo cuatro derrotas en 22 partidos, la mitad de las cosechadas por el segundo clasificado, que se quedó a solo cuatro puntos del cuadro valdemoreño. 40 puntos en total, lo cual es la máxima puntuación lograda por los equipos de los dos grupos. En las eliminatorias, de los 16 equipos que los disputaron, solo el Valdemoro consiguió mantenerse invicto en el pabellón Jesús España hasta llegar a la fase final.

 

Una travesía en la que el Valdemoro no ha estado libre de bajones de rendimiento. El momento más delicado fue a finales de 2025, algo que ya le había ocurrido al equipo la temporada pasada. Es por ello que Chema Huertas decidió cambiar el planteamiento semanal de trabajo. “El año pasado volvimos de las vacaciones de Navidad y el equipo entró en una dinámica negativa de la que ya no salimos. Nuestro temor era que ocurriera lo mismo, así que este año no tuvimos vacaciones de Navidad. Y aun así perdimos un par de partidos seguidos y entraron las dudas. Pero el grupo aprendió que había que trabajar más y confiarse menos. Así fue como volvimos a una buena dinámica, y desde ahí hasta el ascenso”, señala Chema.

 

Los capitanes también destacan de él una virtud importante en el manejo de la plantilla a lo largo de todo el año. “Es verdad que el vestuario ha estado muy unido toda la temporada y que la relación todo el año ha sido fácil. Pero siempre hay roces: cada entrenamiento es una competición”, cuenta Pablo Mariñán. “Siempre que ha ocurrido algo así, Chema ha canalizado bien ese descontento, y, sobre todo, lo ha solucionado de manera rápida”, destaca Jorge.

 

El alma de la ilusión

 

Tanto Pablo como Jorge tienen claro que lo logrado en esta temporada histórica no habría sido posible sin la marea valdemoreña. Con 39 años, Pablo Mariñán ha pasado por suficientes clubes como para poder tener un conocimiento amplio del básquet español. Tiene claro que lo que hay en Valdemoro no se encuentra en otro lado. “La afición valdemoreña es la envidia para el resto de Madrid. Es increíble el apoyo que sentimos, la cantidad de personas que vienen a los partidos… Es digno de admiración”, explica. “A lo mejor ellos no lo saben, pero el vestuario es consciente de lo increíble que es jugar aquí. Lo notamos mucho”, cuenta Jorge Sánchez.

 

Por ello, el ascenso no solo se sintió como un logro deportivo, sino como un regalo a la afición. Para Jorge y Pablo, dos jugadores veteranos que tienen arraigo con el club -Pablo es, de hecho, entrenador de categorías inferiores también-, este logro histórico para el club llega en un momento de sus carreras que lo hace aún más especial. “Yo me quedo con la alegría del trabajo bien hecho y el poder haber compartido el ascenso con la familia y con nuestra gente, con el cuerpo técnico y los compañeros que tanto han trabajado durante todo el año”, comenta Jorge.

 

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Cuando el árbitro señaló el final, Pablo Mariñán no se quitaba de la cabeza que ese podía haber sido el último partido de su carrera. “Se mezclaron muchos sentimientos. Me emocioné mucho al ver la felicidad de la afición, parecía un niño pequeño. Es que la conexión grada-jugador en Valdemoro es muy fuerte e importante. No se puede explicar. También estaban ahí mis padres, que siempre me siguen a los partidos. Fue muy emotivo todo eso y ver, como decía Jorge, el trabajo acabado”, dice un Pablo que no puede evitar emocionarse. La afición del Club Baloncesto Villa de Valdemoro parece que podrá estar tranquila, porque uno de los capitanes se inclina más ahora por permanecer en un club tan especial para él.

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