Justicia... ¡Ja, ja, ja!
Estamos acostumbrados a escuchar en televisión y a leer en diarios a imputados o a solamente investigados a proclamar a los cuatro puntos cardinales que están tranquilos, que se fían completamente de la justicia, que están seguros de que el juicio será justo... ¡Inocentes! Si les toca el juez A o H, a lo mejor la sentencia no es, a su juicio, justa. O si les toca el juez J a lo mejor el proceso se retrasa tanto tiempo que prescribe el delito... O puede pasar cualquier otra cosa... ¿Por qué?
Porque los jueces, abogados, notarios y, en general, todo el personal jurídico, son seres humanos. Como tú y como yo. Tienen las mismas necesidades, similares aficiones... Eso sí, conocimientos específicos del Código Penal, de los “entresijos” de las leyes, de las redacciones ambiguas, de los huecos involuntarios en la normativa que, generalmente, no tenemos nosotros. Pero, sin embargo, pueden tener los mismos problemas que nosotros sin esos conocimientos. Esto, no les inmuniza contra los errores.
Algunos países, quizá para quitarse algo de responsabilidad en su actividad jurídica, han establecido los jurados con gente normal, de profesiones o actividades diferentes a la jurídica. Estos jurados solo establecen la culpabilidad o inocencia del acusado en base a lo que este haya alegado durante el juicio a preguntas de la acusación o de su defensa. Terminado el juicio y establecida la culpabilidad o inocencia del reo, son los profesionales del derecho por su conocimiento de las leyes, los que establecen las penas, caso de culpabilidad.
De cualquier forma, o mediante un jurado popular o por profesionales de la judicatura, a mi modo de ver la actual forma de impartir justicia en la mayoría de los países, está obsoleta. En la mayoría de los países, el poder ejecutivo, sea cual sea su forma de gobierno, tiene un ministerio de Justicia que encuadra a muchos profesionales jurídicos a excepción de los abogados defensores, notarios y asesores jurídicos de empresas que, además, suelen percibir mayores ingresos por su actividad profesional. Pero como estamos viendo en la actualidad, la jurídica es una actividad un tanto deteriorada. Quizá se deba a que en la actualidad el deterioro es mucho más visible porque los medios de comunicación los amplifican.
Seguramente, podría ser igual o mayor en los siglos pasados; es muy posible, pero entonces no se conocía. No vamos a entrar en los motivos por los que los medios de comunicación los airean ahora. Los tres pilares de los actuales gobiernos democráticos; el legislativo, el ejecutivo y el jurídico no es el trípode sobre el que se asientan estos. El primero, que es que debería actuar de filtro de las disposiciones o decretos que proponga el ejecutivo, está constituido, en su mayoría, por los afiliados al partido político ganador de las elecciones. En consecuencia, cualquier disposición que le interese, o no, al partido en el gobierno, al ejecutivo (que, obviamente, es el ganador de las elecciones), sale o no sale. ¿Es esto democracia?
En tercer lugar, el poder jurídico, cuya constitución no es fruto de la democracia, pero, además de que este colectivo puede englobar individuos de diferentes formas de pensar (véanse las diferentes asociaciones de jueces), tiene, en su cúpula, línea directa con el ejecutivo. ¿Es esto democracia?
Volviendo a la sustitución de la actividad jurídica porque, con los descubrimientos actuales, esta, ya no tienen cabida en los tiempos que corren, yo tengo una idea muy personal acerca de lo que podría ser una nueva actividad procesal en lo que respecta a las transgresiones y a su pena. Los jueces son personas como usted y como yo, eso sí, con muchos conocimientos de leyes, códigos penales, atenuantes y agravantes, pero generalmente son padres de familia, seguidores de equipos de futbol, jugadores de mus... Como usted y como yo.
En la actualidad, pienso que con los medios que tenemos a nuestra disposición, no necesitamos disponer de estos profesionales. El reo contará al tribunal lo que haya acaecido, sin tener en cuenta eso de: “¿Jura usted decir toda la verdad...?”
La idea que yo propongo es que se someta al reo a una máquina de detección de la verdad y se le inyecte, si no hay contraindicaciones médicas, el denominado “suero de la verdad” El reo se encontraría en una habitación con el controlador de la máquina y, en lugar de jueces, fiscal, defensor, etc., constituirían el tribunal dos médicos psicólogos.
Antes de la vista y en relación con los hechos objeto del proceso, los dos psicólogos tendrán previstas las correspondientes preguntas que, previamente, habrán explicado a los jurados (número impar de personas). Todo este trámite se realizará sin conocimiento del acusado. En la fase de explicación a los jurados y si hay testigos, se escuchará su testimonio.
Al término de estas acciones, el operador de la “máquina de la verdad” explicará a los psicólogos y a los jurados el sentido de las respuestas dadas por el reo. Los jurados, instalados en cabinas individuales dotadas de un sistema de televisión en el que podrán volver a ver la vista cuantas veces quieran. Cada jurado dispondrá de dos bolas, una blanca y otra negra, y cuando hayan decidido si el reo es inocente o culpable, depositaran una u otra bola en un depósito que irá contando las bolas depositadas. Cuando la última bola entre en él, pasarán todas ellas a los psicólogos, que emitirán el veredicto en función del número y color emitidas.
Si es la primera vez que el reo es sometido a juicio y tanto si se le considera inocente o culpable, quedará en libertad con la obligación de seguir un curso para explicarle lo importante de la convivencia. La persona podrá ser enjuiciada las veces que se le impute un delito, pero la tercera vez que sea declarado culpable, no será necesario que realice ningún curso; irá directamente a la inyección letal, desparecerá de la sociedad en la que vive y a la que no ha sabido o podido incorporarse como persona normal.
Porque, en mi opinión, la percepción de la justicia no debe de ser exclusiva de un grupo de personas, de profesionales. La justicia debe de ser algo individual e inherente a cada persona; como los ojos para ver, los oídos para escuchar, los pulmones para respirar… Y, sobre todo, la conciencia para diferenciar lo justo de lo injusto. Esa capacidad de diferenciar lo injusto de lo justo la tiene todo el mundo físicamente sano.
Llegados a este punto, quiero hacer un inciso y decirles que, tras pensar mucho en el tema, he llegado a la conclusión de que la IA no tiene cabida en él mismo. Nunca una IA por muy bien construida que esté, puede sustituir a una conciencia humana. Aunque el propietario de la misma no tenga los niveles mínimos de conocimientos intelectuales; con que tenga los conocimientos básicos humanos, son suficientes.
Esta justicia, impartida por profesionales, ya ha quedado anticuada. Aún cuando casi todos los Gobiernos, sean del color que sean, tienen ministerios de Justicia, que no son si no cortinas bonitas que ocultan, las transgresiones de los Gobiernos que, teóricamente, hemos elegido nosotros. Los aspirantes a detentar ese poder, antes de lograrlo, (¿con nuestros votos?), no se cansan de prometer en sus mítines cosas que redundan en beneficio de todos los habitantes del país y luego no las hacen. La Justicia, si fuera realmente independiente, ¿debería reclamarles sus inacciones?
Y en cuanto a las transgresiones habituales de las normas de convivencia en sociedad, debería ser la misma sociedad la que las juzgase, es decir, un juzgado popular. Aventuro más; no haría falta ningún profesional de la justicia. El acusado sería sometido a la “máquina de la verdad” y a la “droga de la verdad” y si fuese declarado culpable por un jurado popular hasta en dos ocasiones seguidas, quedará libre, solo con la obligación de seguir un curso que impartirían sicólogos. Sin embargo, la existencia de un tercer delito del que fuera culpable, sería eliminado de la sociedad definitivamente.
Al escribir estas últimas líneas me he dado cuenta de que existen organizaciones contrarias a la pena de muerte. Limitadas a transgresiones “sociales”, las que afectan a personas o instituciones normales, no las que afectan a Gobiernos (traidores, agentes secretos, espías, etc.), que de estas no se quejan porque la mayoría son constitucionales.
Una variante de este último párrafo, donde abogo por la eliminación del individuo, puede ser la delimitación de un área lo suficientemente extensa, puesta bajo el Gobierno de una de estas organizaciones, que acoja a estos y les prohíba salir del área, pero manteniéndolos en libertad en dicho lugar.
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.140