Colegio Juan Pablo II
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El barrio del Prado de Pinto se hunde

Raúl Martos Martínez Miércoles, 01 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Una de las tantas puertas del barrio del Prado que ya no cierran como consecuencia del hundimiento del suelo.Una de las tantas puertas del barrio del Prado que ya no cierran como consecuencia del hundimiento del suelo.

Desde hace una década los vecinos del barrio del Prado contemplan sorprendidos cómo el suelo de sus casas se hunde sin que desde la administración pública se haga nada.

Dicen que el del Prado es el último barrio de Pinto, una zona mayoritariamente humilde formada por algunos bloques de pisos y viviendas bajas de la que la ciudad presume cada mes de abril en unas fiestas que en los últimos años han ganado gran popularidad. Sorprende que precisamente aquí, en las calles paralelas a la a menudo inundada Lope de Vega, desde hace una década los vecinos contemplan impotentes cómo el suelo en el que viven se viene abajo. Patios que se hunden, ventanas y puertas que no cierran, habitaciones que se agrietan, muros a punto de derrumbarse… Una situación insostenible que ha empeorado especialmente en el último año.

 

A los vecinos que acompañan a ZIGZAG a comprobar de primera mano el estado del barrio se unen otros muchos que no dudan a asomarse a su ventana o abrir sus puertas para mostrar las consecuencias del deterioro progresivo que han sufrido sus casas como consecuencia del hundimiento. “¡No hay derecho!”, se queja una mujer. Un simple paseo es suficiente para certificar cómo muchas calles han perdido su horizontalidad a la altura de las arquetas, afectando a la estructura de los edificios. 

Escaleras de acceso a una de las viviendas del barrio del Prado.

 

Han sido muchas las razones que las distintas administraciones les han dado en este tiempo, pero la más repetida es que todo se debe a las acometidas y reformas ilegales que habrían realizado los propios vecinos y que han acabado repercutiendo en la estabilidad de la vía pública. “Hay gente que lo único que hizo en su día fue hacerse un muro más alto, pero no puedes decirme que después de tanto tiempo la calle se está cayendo por eso”, responden. En cualquier caso, explican que “oficialmente nadie nos ha contestado nada, solo hemos recibido silencio administrativo”. 

 

En El Prado creen que, en realidad, todo comenzó con las últimas grandes obras de canalización del Canal de Isabel II. “Antiguamente aquí había un cascote muy grande, pero lo quitaron y en su lugar pusieron sedimento que, según se va filtrando el agua, está desapareciendo hasta que un día se hunda todo”. Tras tantos años y a falta de un informe oficial, los vecinos se lanzan a especular con el paso de antiguos arroyos, “jeroglíficos de tuberías” y otras tantas razones por las que sus casas corren peligro.

 

Un muro recientemente construido que se está agrietando.

 

Una realidad insostenible

 

Luis Miguel, que lleva toda su vida viviendo en el barrio, lidera una comitiva que representa a todos los vecinos. Hay algunos como María y Guillermo que tienen cogida la puerta de su casa no con pinzas, pero sí con una cuerda: “Me da miedo estar aquí con los niños”, reconocen. Milagros, que ha sido testigo de cómo ha cambiado El Prado durante los últimos 64 años, se muestra especialmente indignada. Su familia se llevó un buen susto en 2021, durante la borrasca Filomena, cuando el suelo de su cocina se vino abajo. “Se nos hizo un socavón enorme porque nos salieron las raíces de los árboles, 4.000 euros nos costó la broma y el Ayuntamiento no pagó nada”. Hoy, el color diferente de los azulejos del suelo les recuerda cada día lo que pasó.

 

La peor parte se la llevan los patios y los muros que se encuentran junto a las arquetas de calle. Bien lo sabe Andrea, que el año pasado decidió embarcarse en solitario en la siempre complicada compra de una vivienda. Pero lo que debía ser una ilusión, se ha convertido en una pesadilla en la que no dejan de sucederse calamidades. Adquirió la vivienda a un fondo buitre que le ocultó que el inmueble, que había estado ocupado, no tenía siquiera luz ni agua. Y al llegar, descubrió además que las calles del barrio se vienen abajo. “Denuncia al fondo, a los propietarios y al Ayuntamiento, haz la reforma y paga la hipoteca… Es que no me da para todo, no me da”. 

 

El patio de Andrea.

 

Afirma que “soy consecuente con cómo estaba mi casa” y, de hecho, ni siquiera reclamó los 6.000 euros que pagaron sus vecinos y ella cuando se cayeron las escaleras que comparten, a pesar de que todo apunta a que se debe a los problemas de la calle. Pero lo que sí tiene claro es que “de ninguna manera voy a tragar con el resto de las cosas cuando lo que se está cayendo es la calle”. Dos testigos a cada lado de la pared y una farola son lo único que impide que el muro de su vivienda, que está completamente agrietado, se venga abajo. “No voy a hacer uno nuevo que me va a valer 5.000 o 10.000 euros y luego se me va a caer”. Más cuando el patio de la vivienda suena hueco cuando se pisa con fuerza.

 

Pasar de las palabras a los hechos

 

Y es que, aunque los vecinos vaticinan que “hasta que no ocurra una desgracia nadie tomará medidas”, lo cierto es que ya se ha producido un accidente importante. Todos recuerdan el mal trago que pasó su vecina Angelines, a la que tuvieron que rescatar después de que derrumbase el patio de su vivienda, y tienen miedo de que una situación similar pueda repetirse.

 

En esta década los vecinos han tenido la oportunidad de hablar con gobiernos de todos los colores. Ganemos Pinto, PSOE, Podemos y, ahora, Partido Popular y Pinto Avanza, les han dado una y mil respuestas, pero ninguna ha acabado en una solución real. “A María le han llegado a decir que haga legalmente su muro para que, cuando se caiga, pueda denunciar al Ayuntamiento”, comentan con indignación. ZIGZAG ha intentado conocer la versión del Gobierno, que por el momento se ha limitado a señalar que “estamos en ello”.

Un testigo que Andrea ha instalado para que su muro no se derrumbe.

 

Pero a los vecinos ya nos les bastan las palabras. “Me dijeron que después de las fiestas se iban a poner porque es cosa del Canal, pero por esta calle no ha pasado nadie -apunta indignada Milagros-. Aquí solo vienen cuando vamos a votar”. Los mayores lamentan que el barrio de El Prado “está dejado a la mano de Dios” y “completamente abandonado, está que da asco”, pero los vecinos más jóvenes y los recién llegados no piensan tirar la toalla. “No quedan barrios como este en Pinto en el que todos nos conocemos, hacemos barbacoas juntos y nos ayudamos en lo que podemos”.

 

Ainhoa lo tiene claro: “Si el resto de los vecinos ya se han cansado me parece perfecto, pero yo no voy a parar de luchar”. Ni siquiera si se confirma que las construcciones ilegales son las responsables de la situación porque, como bien explica, “yo no he hecho nada ilegal, ni siquiera tengo cometida, y además qué me vas a venir a contar si esos muros llevan a lo mejor 60 años puestos y el Ayuntamiento ha dejado pasar la situación todo este tiempo”. Los vecinos piden, única y exclusivamente, ser escuchados porque “ni siquiera ha venido nadie ha venido a visitar el barrio para ver la realidad de lo que está pasando”.

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