Felipe Sevilla.El campeón de España de arado y vecino de San Martín de la Vega, Felipe Sevilla, cuenta a ZIGZAG cómo el tractor se ha convertido en mucho más que su herramienta de trabajo.
Felipe Sevilla (San Martín de la Vega, 1993) es una rara avis en la gente de su edad. No porque compagine dos trabajos a la vez, lo cual es cada vez más frecuente, sino porque forma parte del 8,9% de menores de 41 años propietarios de una explotación agrícola en España. Su tractor es más que su herramienta de trabajo: es su ‘coche’ de competición en el campeonato de arada que acaba de ganar en su primera participación.
Podría decirse que tanto la agricultura como la competición en arada son una tradición familiar. Su abuelo comenzó participando en unos campeonatos regionales de arada en San Martín de la Vega ya desaparecidos, y fue escalando hasta competir en las competiciones nacionales. Ganó varias ediciones, lo que le permitió dar el salto a las competencias internacionales. “Antes la arada era como el que iba a competir en atletismo. A él ya se le daba bien, pero conoció a un entrenador llamado Millán y pudo llegar hasta los campeonatos mundiales”, cuenta Felipe
La suya es una vida pegada al campo y al tractor. “Siempre me ha gustado mucho”, confiesa. Fue el año pasado cuando reavivó esa pasión por el legado familiar, que estaba oculta dentro de él. “Es verdad que la competición me llamó la atención siempre, pero fue al conocer de cerca cómo funciona la arada en el último campeonato cuando me dije a mí mismo que podía probar. Al final me paso el día entero arando en el campo”, comenta Felipe. En su primer campeonato, ha logrado quedar el primero de España en su categoría.

A competir
Como comentaba Felipe, la competición de arada tuvo tirón desde sus inicios. La revista agropecuaria ‘Agricultura’, cubrió en 1971 el primer campeonato nacional celebrado en esa fecha e informó de la asistencia de más de 10.000 espectadores. La competición siempre se ha dividido en dos pruebas: la de arado fijo y la de arado reversible. En ambas, el arado de la parcela (de 100 metros de largo y 20 de ancho) se comienza con un surco de apertura para el que cuentan con 20 minutos. Para hacer el surco, los aradores que compiten en arado fijo tienen que ir y volver, mientras que los del reversible lo hacen en un ‘trayecto’, gracias a que su arado puede darse la vuelta. Tras ese tiempo, los jueces valoran cómo se ha hecho el surco. Al reanudar, tienen 3 horas para completar la parcela, en las que las distancias y la precisión importan. “En el campeonato nacional me pasó que veía el surco recto, pero había 25 centímetros más en un lado que en el otro. Eso tienes que ir corrigiéndolo poco a poco, teniendo en cuenta que tienes que cerrar la parcela en el mismo sitio donde comenzaste a ararla. Para eso tienes que ir constantemente midiendo cada pasada”, explica Felipe
Para entender todo lo que él llama “el arte de arar”, Felipe tuvo que volver a estudiar, pero esta vez con un buen mentor. “He hecho buenas migas con David Rodríguez, campeón de España en arado fijo. Recuerdo que antes de subirme al tractor me dijo ‘primero estúdiate y entiende el manual de la técnica y luego lo llevamos a la práctica’”, comenta. Todo ese trabajo le ha permitido coronarse como campeón del arado reversible en su primera participación en el campeonato nacional. Esa victoria le da acceso al Campeonato del Mundo que se celebrará en Croacia en septiembre. “Yo quiero competir contra mí mismo. Hacer una parcela mejor que la hecha en el campeonato nacional y luego ya se verá. Pero, siendo sinceros, no veo opciones de ganar. Hay mucho nivel, aunque espero poder quedarme en el top 10 o cerca”, cuenta.
Trabajar la tierra
Sin embargo, el día a día de Felipe no está en la competición, sino en la explotación agrícola que gestiona en San Martín de la Vega. “Tenemos espárragos trigueros, que es el cultivo por excelencia de esta zona, y también maíz, trigo o cebada”. A pesar de que entre 2020 y 2023 se produjo un descenso en el número de explotaciones agrícolas de 110.000 unidades, Felipe tiene claro que su futuro pasa por el trabajo de la tierra. “Quiero dedicarme a la agricultura porque no quiero que se pierda lo que ha tenido mi familia y porque es lo que me gusta”, dice Felipe. Él lo compagina con su “otro mundo”: el de la música. Es profesor en San Martín de la Vega, aunque la mayor parte del tiempo la pasa en el campo. “A mí no me cuesta subirme al tractor. Yo pienso que, si no sigo con esto, el día de mañana en San Martín, ¿qué va a quedar? Necesitamos gente que trabaje la tierra, y si yo tengo los medios para poder continuar, pues lo voy a hacer”, dice tajantemente.

Una decisión que, eso sí, no disipa las dudas. Felipe fue uno de los 1.500 agricultores presentes en las protestas de febrero en Madrid por la situación del campo español, en la que mostraron su rechazo al acuerdo de Mercosur y reclamaban más ayudas para sus explotaciones agrícolas. “Yo creo que va a ser la gente de a pie la que nos va a ayudar. Tras las manifestaciones nada ha cambiado con las instituciones, pero yo confío en que la gente le va a acabar dando el valor que tiene a la agricultura y entre todos nos vamos a ayudar. Nosotros solo pedimos no trabajar a pérdidas” explica, siendo consciente de la realidad de su sector. “A veces pienso si he tomado la mejor decisión, y acabo recuperando la esperanza pensando en que esto tiene que salir bien, que la gente lo necesita para comer”.















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