Cuadros expuestos en el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos.Se trata de trabajos creados desde 1970 por personas con enfermedad mental.
El Archivo del Patrimonio del Centro San Juan de Dios (CSJD) de Ciempozuelos expone actualmente más de 600 obras realizadas por personas con enfermedad mental, en una colección que recoge trabajos elaborados desde el año 1970 y que articula una singular fusión entre arte y psicopatología. La iniciativa, impulsada desde el propio centro, busca preservar y poner en valor la producción artística de los usuarios de salud mental a lo largo de las últimas décadas.
Según el psicólogo y responsable del Archivo del Patrimonio-Arte Psicológico del CSJD, Calixto Plumed, el proyecto supone reconocer la trayectoria vital de sus autores a través de su creación. “Fusionar ambas alternativas, arte y psicopatología, en un proyecto concreto, implica pensar en personas que viven o han vivido y han dejado su huella y su producción para la pequeña y gran historia”, ha explicado Plumed.
La colección reúne obras asociadas a distintos cuadros clínicos, como esquizofrenia, epilepsia, neurosis, toxicomanías y psicosis maniacodepresivas, aunque desde el centro subrayan que no existen patrones rígidos y que cada caso presenta características propias. Entre los autores representados destaca Carlos González Rajel, fotógrafo y pintor polifacético que desarrolló un estilo propio denominado “esqueletomaquia”, una de las piezas más singulares del archivo.
Desde el Centro San Juan de Dios recuerdan que el arte ha sido una herramienta constante dentro de sus procesos terapéuticos. “Tanto en el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos, como en el resto de centros que forman San Juan de Dios España, siempre se ha aprovechado cualquier aspecto de la persona para su mejor rehabilitación y reinserción”, ha señalado Plumed. El responsable añade que la expresión artística forma parte del acompañamiento a los pacientes como vía de integración social y desarrollo personal.
En la misma línea, el terapeuta ocupacional y coordinador de talleres del centro, Ángel Campos, destaca el valor de estas actividades en el día a día de los usuarios. Según explica, las sesiones de pintura ofrecen “un espacio donde pueden ser ellos mismos y olvidar, por un momento, las dificultades emocionales que afrontan en su día a día”.
















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