Víctor Bohega.En el primer campeonato nacional que ha disputado, ha estrenado su medallero con una luchada medalla de plata en la categoría cadete.
Víctor Bohega Nadal (Pinto, 2010) ha ‘mamado’ desde pequeño la pasión por el deporte. Teresa, su madre, es profesora de educación física y practica triatlón: "No le quedaba otra opción", declara sarcásticamente. Víctor no solo aprendió a nadar en sus clases, sino que también fue su compañía en entrenamientos y carreras. Hace solo un año que el pinteño dejó el triatlón para centrarse en la práctica del ciclismo en pista, y la apuesta no le ha salido mal. En el primer campeonato nacional que ha disputado, ha estrenado su medallero con una luchada medalla de plata en la categoría cadete.
Al campeonato nacional celebrado en Galapagar del 2 al 5 de abril pudo llegar tras obtener los puntos necesarios en dos competiciones nacionales, lo que le dio la oportunidad de vestir el maillot de la selección madrileña por primera vez. “Fue un orgullo total, pero reconozco que estaba muy nervioso. La noche anterior me costó dormir”, cuenta Víctor. A ese estreno llegó sin presión y con “el objetivo de aprender lo máximo posible”, pero en la primera prueba los nervios hicieron acto de presencia. “Mi mentalidad cambió cuando estaba corriendo al ver que iba primero y estaba en cabeza con los mejores de España”, explica.
El ciclismo en pista es una modalidad relativamente minoritaria en España. El principal motivo es que los velódromos interiores no abundan en el territorio español y Madrid, de hecho, solo dispone de uno en Galapagar. Las pruebas se dividen en dos categorías: las de velocidad y las de fondo. Víctor tiene claro cuál es su fuerte. “Yo soy un chico muy explosivo desde pequeño, así que ahora mismo compito en velocidad individual, en los 200 metros y en los enfrentamientos (duelos entre ciclistas en los que gana el que primero pase por meta tras tres vueltas). De momento, quiero dejar de lado las pruebas de fondo, aunque el año que viene me gustaría probar los 500 metros”, comenta Víctor.
Una preparación que exige disciplina y muchas horas de esfuerzo físico. Víctor compagina sus estudios de Secundaria con una rutina de entrenamientos que le demanda gestionar bien su tiempo libre. “En cuanto vuelvo del instituto a casa miro el entrenamiento que nos han planificado. Meriendo rápido, bebo agua y me monto en la bicicleta. No puedo distraerme un mínimo con el móvil porque si no llego tardísimo a casa, y luego tengo que estudiar o hacer deberes”, explica. Los entrenamientos de Víctor entre semana duran dos horas, pero en el fin de semana se pueden ir hasta las cuatro. Cuando hacía triatlón ya entrenaba algunos días en pista interior, lo que facilitó su adaptación cuando se pasó al ciclismo en pista.
Afortunadamente, el trabajo de la parte mental está incluido en la preparación. Algo clave para los deportistas, y más aún en el caso de jóvenes como Víctor que están empezando. Durante el año, ha estado acompañado por un psicólogo deportivo que ha estado presente los cuatro días del campeonato. “Se ha podido apoyar en él para poder tener controlados los nervios a la hora de competir. No debe ser fácil de asimilar que en tu primera carrera hagas el mejor tiempo de España”, comenta Teresa, su madre.

La plata no es lo único que Víctor se ha llevado de su primer campeonato nacional. Ni es a lo que le da más importancia, aunque pueda sorprender. “Me quiero centrar en lo que he aprendido: desde temas de nutrición a saber cómo funcionan las carreras o a gestionar los descansos. Prefiero olvidarme del resultado”, explica. Un leitmotiv quizá impulsado por su propia concepción del deporte que practica. “El ciclismo en pista tiene muchos trucos. Puedes lanzarte desde diferentes zonas para conseguir más velocidad o cambiar las frenadas. Es divertido porque son como minijuegos”, dice Víctor.
El suyo es un ascenso meteórico que, desde luego, se lleva mejor con la naturalidad con la que Víctor lo afronta a pesar de que los inicios no fueron el cuento de rosas que ahora vive. Teresa, su madre, lo sabe bien. “Hace solo un año, cuando estaba aprendiendo, se caía mucho y estaba con las curas todo el rato. Es duro, pero yo no puedo decirle que no lo haga si a él le apasiona. Yo le apoyaré siempre, lo que no quita que muchas veces lo pase mal cuando compite”, confiesa.
Las caídas y las lesiones son un recordatorio permanente de la dureza del ciclismo. Algo que también le ‘ayuda’, aunque parezca paradójico, a mantener los pies en el suelo todo el rato. “Prefiero disfrutar el momento, porque no sé si mañana o de aquí a unos meses podré seguir montando en bici”, explica. Pero eso no es motivo para frenar su motivación de cara al futuro. “Sé lo duro que es y no sé lo que aguantaré, pero yo quiero llegar a vivir de esto, y claro que uno de mis sueños sería poder llegar a los Juegos Olímpicos”, confiesa Víctor.


















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