Colegio Juan Pablo II
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Llega la 'Brigada Yayocial' de Valdemoro

Juan Abarca Viernes, 27 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:

La próxima vez que circulen por un colegio en hora punta puede que la persona que les de el alto no sea un policía al uso, aunque no significa que por ello tenga menos autoridad.

La próxima vez que circulen por un colegio en hora punta puede que la persona que les de el alto no sea un policía al uso, aunque no significa que por ello tenga menos autoridad. De hecho, la suya será doble tanto por la responsabilidad que le ha otorgado el Ayuntamiento de Valdemoro como por la sabiduría que le ha conferido el paso de los años. Y es que la Policía Local cuenta desde el pasado mes de febrero con un nuevo equipo de apoyo: llamémoslo la Brigada Yayocial, formada por vecinos mayores de 65 años.

 

En febrero, las concejalías de Seguridad y Mayores dieron forma a una idea del Agente Tutor para crear un proyecto de seguridad vial intergeneracional. “Esa primera idea nos pareció bastante buena, pero teníamos que marcar unos objetivos porque la iniciativa debía tener un sentido positivo tanto para la ciudadanía como para nuestros mayores”, recuerda José Romero, responsable de Seguridad.

 

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Fue así como el proyecto se centró en mejorar la seguridad vial tanto de las personas mayores como los peatones y conductores, actualizar sus conocimientos sobre las normas de circulación y buenas prácticas, concienciar sobre los cambios físicos y cognitivos relacionados con la edad y favorecer su autonomía personal, autoestima y el envejecimiento activo. Todo ello para acabar formando a personas mayores como voluntarios en la regulación del tráfico escolar bajo supervisión policial.

 

Aprender casi desde cero

 

El gancho era evidente. Los mayores, además de sentirse útiles, podían lucirse delante de sus nietos. Trece mayores respondieron a la llamada del Ayuntamiento de Valdemoro y, primero, participaron en una jornada teórica sobre normativa, movilidad peatonal y colaboración ciudadana que se completó con una práctica en la vía pública sobre técnicas de regulación del tráfico en puntos sensibles.

 

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Once de ellos decidieron continuar y demostraron lo aprendido en el Parque Infantil de Tráfico. Allí acudieron, entre otros, Rosi, Pilar, Josefa, Nieves y Adolfo, el único hombre. Sus edades bailaban entre el requisito mínimo de 65 años para estar en el grupo y los 88 de Carmen, la más mayor y a la que le sobran la energía y, sobre todo, las ganas de pasárselo bien. Pocas tienen carnet y las que sí se lo sacaron en su día, ya no conducen.

 

La agente Vanesa es la encargada de refrescar la memoria a todas ellas antes de saltar al ruedo. “Cuando hagáis de policía ya sabéis que tenéis que poner cara de perro y mostrar autoridad para que os respeten”, les advierte. Ayudándose de pequeños trucos como “STOP=Parar O Tortazo Seguro”, Vanesa les recuerda los conceptos básicos sobre las señales horizontales y verticales, funcionamiento de los semáforos y circunstancias sobrevenidas. Con un 9,5 sobre 10 de nota en el examen oral, las futuras agentes de movilidad están listas para la clase práctica.

 

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De las palabras a los hechos

 

“Mi hijo me dice que no me de miedo, que es como montar en triciclo”, se oye de camino al parque de tráfico. Pero del dicho al hecho, hay un trecho. “¡Uy! ¡Qué miedo! Primero que lo hagan ellas”, dicen las primeras disidentes. Las hay más valientes que no dudan en montarse en los vehículos a pedales y a recorrer el circuito mientras Carmen se enfunda el uniforme y recibe las últimas indicaciones antes de regular el tráfico.

 

Los primeros minutos son, por qué no decirlo, caóticos. Algunas se saltan la señal de stop, otras no señalizan y pocas hacen caso de las indicaciones de Carmen, que tiene bien aprendido cómo debe colocarse para ordenar detenerse a un coche. Poco a poco los miedos se disipan y todas acaban subiendo a los vehículos para ponerse en la piel de los conductores. “La verdad es que ha ido bastante bien, pensaba que iba a ser peor”, reconocen.

 

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Al finalizar la jornada, todas reciben su diploma acreditativo. Pero solo dos, Rosario y Juana, se animan a colaborar voluntariamente para regular el tráfico en los centros educativos después de Semana Santa. Es probable que, como acaba de ocurrir a la hora de probar los coches, muchas otras se animen después de ver a sus compañeras en acción, pero en cualquier caso el camino recorrido seguro que a todos les ha merecido la pena.  

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