El pitido final de una gran etapa
"Hoy no es un día cualquiera: hoy suena el pitido final de una etapa laboral que ha tenido de todo… esfuerzo, sacrificio, trabajo en equipo y, por supuesto, grandes victorias".
Hay días que no se olvidan. Días marcados en rojo en el calendario. Hoy no es un día cualquiera: hoy suena el pitido final de una etapa laboral que ha tenido de todo… esfuerzo, sacrificio, trabajo en equipo y, por supuesto, grandes victorias.
Tras muchas décadas saltando al terreno de juego cada mañana y cada tarde, ajustándome las botas, colocándome el atuendo- y saliendo a competir, llega el momento de colgar las botas. No por cansancio, sino porque el partido estaba escrito así desde el inicio.
Han sido temporadas largas, alguna más cuesta arriba que otras, con prórrogas inesperadas y decisiones tomadas desde el banquillo que no siempre fueron fáciles. Pero como en los grandes equipos, nunca faltó compromiso, nunca se bajaron los brazos y jamás se negoció el esfuerzo.
Aquí no hablamos de cantidades ni de primas. Hablamos de vestuarios compartidos, de cafés arreglando el mundo, de miradas cómplices en los momentos difíciles y de celebraciones discretas cuando el marcador sonreía. Porque el verdadero resultado no siempre se ve en el marcador: se siente en el ambiente.
Hubo derrotas, claro que sí. Pero como dicen los tarras como yo, de las derrotas se aprende y de las victorias se disfruta. Y si algo ha definido esta trayectoria ha sido la capacidad de levantarme tras cada caída, de volver al centro del campo y pedir el balón otra vez.
Hoy no hay tristeza, hay satisfacción por una carrera jugada con limpieza, respeto y profesionalidad. Por haber sido un jugador fiable, de los que hacen equipo, de los que suman, aunque no salgan en la foto.
Desde este colosal pabellón me pongo en pie para aplaudiros. El aplauso es largo, sincero, de esos que no entienden de colores. Porque cuando se presiona, la grada, la gente, lo reconoce.
Se acaba el partido, sí. Pero no finaliza todo. Empieza otra competición, otro calendario, nuevas metas y rutas. Y como todo buen profesional sabe, lo importante no es cuándo acaba el partido, sino cómo se ha jugado. Se va un trabajador. ¿Queda un legado? Y eso, amigos, es ganar por goleada.


















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