Año convulso
¿Afecta a la política municipal que el presidente Trump haya sacado su codicia a pasear? ¿Podemos hacer algo ante ello?
Donald Trump no sigue a San Ignacio. El presidente de los EEUU ha considerado que la mejor respuesta “en tiempo de desolación” ha sido organizar una buena “mudanza” (Venezuela y veremos si Groenlandia). Y lo ha hecho por los mismos motivos por los que el soldado sacerdote fundador de los Jesuitas proponía precisamente no hacerla: mantenerse firme en la defensa de sus propósitos.
¿Afecta a la política municipal que el presidente Trump haya sacado su codicia a pasear? ¿Podemos hacer algo ante ello?
Aparentemente, nuestras vidas y las de nuestra Administración más cercana continuarían igual. Ni el suministro y gestión del agua, el saneamiento, el tratamiento de los residuos sólidos, la planificación urbana, la gestión de licencias, las escuelas infantiles, la promoción y gestión de la vivienda pública, el deporte o la cultura, entre otras muchas funciones que tiene un ayuntamiento y que se hallan recogidas de manera especial en la Ley de Bases de Régimen Local, se verían afectadas. Pero ¿cómo explicar entonces el runrún y el temor que nos corroe?
La relación que se establece entre la ciudadanía y su ayuntamiento es una conexión eminentemente política que, a través de procedimientos administrativos, persigue garantizar, mantener y ampliar las condiciones de un contrato social que constituye la base de una vida de calidad. En otras palabras, la administración de las cosas se encuentra al servicio del objetivo de una buena vida.
Para enfrentarnos al año convulso que nos espera necesitamos también mudanza en nuestra vida municipal. Cambios que nos permitan mantener nuestros propósitos (democracia, convivencia, cuidados, seguridad, vivienda…). Es decir, que sitúen la función política como el centro de la actividad municipal. El presupuesto pendiente representa una opción para ello.
Para combatir la desolación y el temor que nos provocan los acontecimientos mundiales, reforcemos nuestra democracia de la única manera posible: más derechos, más participación y más servicios universales.




















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