Tras el devastador terremoto y tsunami que el pasado viernes asoló buena parte de Japón, la alarma nuclear se ha extendido por el noreste del país. Además de la alerta en Fukushima, donde se registró una explosión y una fuga de radiactividad, este domingo se ha decretado el estado de urgencia en la central de Onagawa y había problemas en otras dos centrales nucleares.
El terremoto provocó la paralización automática de 11 de las 51 centrales nucleares que hay en Japón. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) anunció que se había declarado el "primer (es decir, el más bajo) estado de emergencia" tras haberse detectado unos niveles de radiactividad elevados en las inmediaciones de la central.
Pero es la planta de Fukushima la que más preocupa. “La situación sigue siendo grave”, reconoció el primer ministro japonés, Naoto Kan, si bien advirtió de que "es totalmente diferente al accidente de Chernóbil". En esta central, se han visto obligados a liberar vapor radiactivo al aire para intentar aliviar la presión sobre el reactor.
Por otro lado, aunque las informaciones oficiales hablan de poco más d e1.000 muertos, otras estimaciones multiplican la cifra por diez.















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