Acabada la barra libre del despilfarro de dinero público, creada por el ex alcalde Antonio Fernández y continuada por sus sucesores sin excepción, es hora ya, en estos tiempos de crisis, de plantarse y poner el dedo en la llaga que supone Aserpinto para la economía y viabilidad de las cuentas municipales. Basta ya, como dice una empleada de la empresa en una carta publicada en ZIGZAG, de canonjías y demagogias. Aserpinto necesita una profunda reforma de sus fines y de sus medios para que sea un instrumento público al servicio de la sociedad pinteña, no el chiringuito político del gobernante de turno.
















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