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Agustín Alfaya
Jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Para qué sirven las diputaciones en el Estado de las autonomías?

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Esta institución, opaca y no sometida al público control democrático, es muy desconocida por los ciudadanos, sin embargo, manejan un presupuesto nada desdeñable.
  
Orígenes | Las diputaciones aparecen con la Constitución de Cádiz 1812, para gobernar las provincias. En 1833 se divide España en provincias, división que ha permanecido prácticamente inalterada hasta nuestros días. En la Constitución de 1978 se establece que las diputaciones deben prestar sus servicios a los ayuntamientos que integran la provincia, para garantizar la solidaridad y el equilibrio entre los municipios, prestando mayor atención a aquellos que cuentan con menos recursos para poder cumplir con los servicios de competencia municipal. La principal norma legal que rige el funcionamiento de las diputaciones es la Ley 7/1985, reguladora de las Bases del Régimen Local.

Opacidad | Uno de los aspectos que contribuyen a la poca visibilidad de las diputaciones es su modelo de elección indirecta. El programa de gobierno y los candidatos a diputados provinciales nunca se someten a un proceso electoral directo. Su elección se realiza de forma indirecta a partir de los resultados de las elecciones municipales. Los votos obtenidos por cada partido político en las circunscripciones delimitadas por los partidos judiciales, determinan el número de diputados provinciales asignado a cada partido, que se elegirán entre los concejales o alcaldes. El Pleno de Diputados provinciales elige al presidente de la diputación. Los ciudadanos nunca visualizan a candidatos a diputados provinciales, o a presidentes de diputación, y aún menos asistirán a ningún debate sobre los programas o proyectos que abordarán las diputaciones. Este déficit de legitimidad democrática debería constituir por sí mismo una razón suficiente para cuestionar esta institución.


Presupuesto | Sin embargo, a pesar de esta escasa visibilidad y de la reducción de sus competencias desde el desarrollo de las comunidades autónomas, las diputaciones provinciales manejan un presupuesto nada desdeñable. En 2012, gastaron 5.382 millones € y su deuda asciendía a 6.979 millones €.

Pero lo que más llama la atención del presupuesto de las diputaciones es la cuantía del gasto de personal y servicios corrientes.  Entre el 30% y el 50% del gasto total de las diputaciones se dedica a personal. Otro 20%-30% es gasto corriente. Lo que deja en un exiguo 40% lo que realmente dedican las diputaciones a inversiones y programas. Si añadimos los gastos corrientes de los organismos dependientes, esta cantidad podría reducirse al entorno del 20%. Este gasto de personal se produce en una institución que no presta servicios directos a los ciudadanos, y por tanto no cuenta entre su personal con médicos, profesores, bomberos, policías o jueces. Todo el personal de las diputaciones es personal dedicado a la gestión de los programas en que se plasma la ejecución de sus funciones. La mayoría de estos programas se reducen a la concesión de subvenciones. Imagínese una ONG que de todo el dinero que recauda para sus proyectos dedicase un 60% a su propia gestión y sólo un 40% llegase a los destinatarios de los proyectos. Normalmente calificaríamos a esta ONG de o bien contar con una gestión muy deficiente, o bien de ser una organización corrupta que se queda con el dinero que recauda.


Innecesarios | Los servicios de cooperación con ayuntamientos son las competencias más específicas de las diputaciones. En otros países de nuestro entorno, se optó hace tiempo por un modelo de ayuntamientos más grandes, que pudiesen prestar todos los servicios sin precisar apoyo de otra institución. España es prácticamente el único país de Europa que tras la segunda guerra mundial no abordó un proceso de fusión de municipios. No es tarde para incentivar la fusión de municipios. En cualquier caso, si no se llega a abordar este proceso, la atención a los municipios pequeños es un servicio que fácilmente podría prestar la comunidad autónoma, o la mera cooperación entre municipios.

Déficit democrático | Las diputaciones son instituciones que no eligen directamente los ciudadanos, que no rinden cuentas de sus actividades y de su gestión en ningún proceso electoral, que cuentan con una notable cantidad de dinero para subvenciones, y una nutrida nómina de empleados, poco acorde con las competencias y funciones que desempeñan. Esta situación es un caldo de cultivo perfecto para la corrupción, el clientelismo y el caciquismo. Escándalos como el de Baltar en Orense, o el de Fabra en Castellón, son solo la punta del iceberg de lo que podemos imaginar que sucede en las diputaciones provinciales.

El interés del Gobierno del PP por mantener las diputaciones provinciales, y aún peor, por asignarles nuevas funciones, no puede entenderse en ningún caso en beneficio de los ciudadanos. Las diputaciones constituyen la institución perfecta para que los partidos políticos puedan tejer redes clientelares, utilizando unas subvenciones poco justificadas, y para que estos partidos puedan emplear a allegados y simpatizantes, en instituciones con escasa tradición de rendición de cuentas. La defensa de las diputaciones solo se entiende desde la óptica de la partitocracia y de la interpretación de las instituciones como agencias de colocación y prestación de favores.

Hoy las diputaciones son una herencia de un pasado de caciquismo y clientelismo. Por higiene democrática, es una institución que debería desaparecer. Asignar sus competencias a las comunidades autónomas y a los municipios (actuales o fusionados) parece un ejercicio sencillo. La verdadera dificultad radicará en reubicar o despedir a los funcionarios o empleados laborales que hoy realizan funciones, cuando menos duplicadas, y en muchos casos innecesarias.

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5 Comentarios
Fecha: Lunes, 12 de diciembre de 2016 a las 14:56
jose
Que las quiten todas
Fecha: Domingo, 20 de marzo de 2016 a las 06:50
Juan
Me parecería una buena labor de higiene democrática que desapareciesen las diputaciones.
Fecha: Lunes, 3 de marzo de 2014 a las 10:55
ElChico
Yo pienso que debería ser al revés, que deberían desaparecer las CCAA y darle más competencias a las Diputaciones, haciendo un reparto de competencias uniforme entre todas ellas. Aunque sé que la desaparición de las CCAA, una vez abierta la caja de pandora, es imposible.

En cuanto al déficit democrático de las Diputaciones, pienso que la elección directa no es el bálsamo que lo cura todo. Dejando de lado el mayor gasto presupuestario que supondría unas elecciones no subordinadas a las municipales, creo que, aunque pueda ser mejorable y es discutible, la legitimidad de las Diputaciones es clara ya que no dejan de reflejar el sentir político de cada provincia. Además, todo el mundo que conoce la institución sabe que entre los concejales elegidos, entre todos los municipios, van a salir los diputados. Por hacer un simil, es como cuestionar la legitimidad del Gobierno central, ya que también éste es de elección indirecta, en el sentido de que el presidente del Gobierno es elegido por el Congreso de los Diputados que, a su vez, éste es elegido en elecciones generales por el sufragio libre, directo, secreto e igual de todos los ciudadanos españoles. Una vez que se designa al presidente del Gobierno, éste elige libremente a los Ministros.

En cuanto a la supuesta corrupción, pienso que las Diputaciones no están más aquejadas por este mal que otras instituciones como son las CCAA. Creo que este mal es endémico del pueblo español y que su erradicación pasa por el compromiso del pueblo ante la corrupción y un mayor control fiscalizador y auditor de los presupuestos de cada institución.

En cuanto a la refundición de municipios, la realidad es que los cientos de micromunicipios españoles cuentan con un presupuesto propio (el controlado por ellos) ínfimo y que, por ello, la dispersión municipal no conlleva más gasto que la unificación de todos lo micromunicipios en grandes municipios. ¿Acaso la cultura del pelotazo urbanístico y la corrupción ha nacido de estos municipios? ¿conoces algún caso de micromunicipio en el que se hallan dado escándalos de cientos de millones? Eso es imposible porque no manejan apenas dinero. Más bien, los ayuntamientos de estos micromunicipios, con el alcalde a la cabeza, son un medio de reivindicación de las necesidades de los ciudadanos de esos pequeños pueblos ante la Diputación Provincial correspondiente que, a su vez, actúa como factor cohesionador y redistributivo a nivel provincial. Creo que la pérdida de este factor reivindicativo, a través de la refundición en grandes municipios, supondría dar la última estocada al ya de por sí despoblado medio rural español, ya que hay una incipiente despoblación de cientos de pueblos, que pueden salir adelante si se ponen medios, como el desarrollo del agroturismo y de la industria agroalimentaria y biológica. Un caso de ello, son los pueblos de La Alpujarra.
Fecha: Lunes, 9 de diciembre de 2013 a las 21:03
Mariano
Sr. Alfaya:
Suelo leer los artículos que puntualmente publica en la revista ZIGZAG desde hace años.
Después de releer este, aunque no es mi costumbre, no tengo más remedio que escribir estas notas indignado, pensando que ellos son los que están viviendo por encima de nuestras posibilidades y que estos son los recortes por los cuales deberia empezar la Administración, antes que recortar en EDUCACION. SANIDAD,SERVICIOS SOCIALES, etc.
Podrian reorganizar la misma y dejar de tener esa descomunal plantilla de confianza que como usted dice son cultivo perfecto para la corrupción y el caciquismo.
Personalmente denuncio los cargos de confianza de los distintos Ayuntamientos en comparación a nuestro entorno europeo, como por ejemplo:
Ayuntamiento de Madrid 254 asesores
Ayuntamiento de Paris 37 asesores
Ayuntamiento de Berlin 26 asesores
Ayuntamiento de Londres 24 asesores
Por no decir que este Ayuntamiento madrileño tiene más coches oficiales que todas las capitales europeas juntas.
A la espera de su proximo artículo, saludos Mariano
Fecha: Viernes, 22 de noviembre de 2013 a las 14:02
emilio
¿Para qué sirven? para colocar a dirigentes de partidos amortizados, afiliados importantes, amiguetes y dispensar favores. UNA VERGUENZA

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