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Andrea Fernández / Esther A. Muñoz
Miércoles, 2 de enero de 2019
Estrada-Lobato, un dúo que reparte alegría

Donde nadie quiere tocar

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La música de los pinteños Alberto y Silvia es instrumental y está dirigida a “los grandes olvidados”: niños que tienen que pasar sus días en los hospitales, ancianos ingresados en residencias de mayores...

Alberto y Silvia tocan para "los grandes olvidados".Silvia Estrada (Madrid, 1972) trabaja como médica de familia en el Centro de Salud de Pinto de Parque Europa desde 2004. Pero no es por su profesión por lo que nos hemos puesto en contacto con ella, sino por su otra pasión: la música y la forma que tiene de ejercerla. “Siempre quise ser música, lo que pasa es que me di cuenta tarde y me pilló un poco mayor”, dice con una sonrisa.

Uno entre los cientos de pacientes de Silvia es Alberto Lobato (1963, Zaragoza), profesor de música en un colegio de Fuenlabrada. Pero a Alberto, Silvia no sólo le ausculta y le receta, con Alberto comparte su pasión.

“Yo sabía que él tocaba la guitarra porque me lo había dicho en alguna consulta, así que un día, después de armarme de valor, le comenté el proyecto que tenía en mente: formar un dúo para tocar en hospitales y centros de mayores”. Así nació, hace ya tres años, el dúo Estrada-Lobato.

Donde nadie quiere tocar | La música de Estrada-Lobato es instrumental, bajo el ritmo de la guitarra clásica de Alberto y la flauta travesera de Silvia. Tocan para “los grandes olvidados”: niños que tienen que pasar sus días en los hospitales, ancianos ingresados en residencias de mayores, enfermos en plantas de psiquiatría…

“No somos profesionales, nuestra música no es mejor que la de nadie, pero sí llegamos a sitios donde nadie quiere tocar”.

Silvia Estrada.Estrada-Lobato ha tocado también en dos ocasiones en la iglesia de San Antón, el templo y proyecto social regido por el Padre Ángel. “Nuestro público eran mendigos, chicos jóvenes que se acercaban a ver qué pasaba, personas normales y corrientes que se paraban a disfrutar de ese ambiente tan curioso... el propio Padre Ángel se acercó a nosotros y nos obsequió con un pequeño detalle”, recuerdan emocionados.

El dúo también ha colaborado a través de su música con organizaciones y ONG como Mensajeros de la Paz, la Universidad Autónoma de Madrid, Menudos Corazones, MenTEazul o Música en Vena, entre otros.

“Queremos que la gente se lo pase bien con nuestra música”, explican. “Cuando tocamos en los hogares para ancianos, por ejemplo, conseguimos romper con la monotonía de su día a día, porque para ellos los días pueden llegar a ser interminables”, comenta Alberto.

“Es gracioso porque la gente espera que cuando vas a este tipo de sitios toques bailes de salón, pero hemos comprobado que a las personas mayores también les gusta nuestro estilo de música y agradecen que no les trates como a ‘viejos’, es decir, que no les traigas siempre lo mismo”.

“También una vez en el Hospital Puerta de Hierro, en la planta de psiquiatría, vimos como los pacientes se pusieron a bailar mientras tocábamos”, recuerdan. “Eso es lo que nos llena, que la gente que peor lo está pasando sea capaz, aunque sea durante media hora, de sentarse, olvidarse y hasta ponerse a bailar con nuestra música”.

“La sensación de ver a la gente tan agradecida por lo que estás haciendo es inexplicable”, añade Silvia. “En nuestros conciertos no solo tocamos, hablamos con ellos -enfermos, niños, ancianos-, son funciones muy cercanas en las que intentamos adentrarnos en la vida del sitio donde estamos”.

Alberto Lobato.¿Por qué no me llamas? | “Es un poco frustrante que con los muchísimos emails que mandamos para actuar en este tipo de instituciones más de la mitad de las veces la gerencia ni siquiera nos conteste”, dice con desasosiego Silvia. “No es sólo que sea una actividad altruista, es que es totalmente humanitaria, lo único que pedimos es un sitio donde sentarnos a tocar”.

“Hemos tocado en pasillos, salas de espera, halls de hospitales… nos da igual y aun así a la gente le cuesta trabajo llamarnos, es algo que no terminamos de entender”, comentan. 

“La verdad, no tenemos ningún interés en tocar en el Auditorio Nacional”, dicen entre risas “no entra dentro de nuestra agenda de hospitales y geriátricos”.

Como los Rollings | Ancianas que evocan su época de bailarinas mientras escuchan su música, señores que se sinceran entre llantos confesándoles que tienen el pulso acelerado o enfados de médicos que opinan que un hospital “no es un sitio para tocar”.

El dúo Estrada-Lobato ha conseguido llevarse anécdotas de cada uno de los sitios donde ha tocado. “La más graciosa, sin suda, fue la vez que tocamos en un centro de mayores. El centro había impreso un programa con los temas que íbamos a tocar y al finalizar del concierto todos vinieron con su programa impreso a pedirnos que se lo firmáramos. Allí estuvimos, como los Rolling Stones, sin parar de firmar”.

Música para el cuerpo | Como profesional de la medicina, Silvia deja claro que el estado de ánimo “no cura un cáncer de páncreas”.

Alberto Lobato y Silvia Estrada en uno de sus últimos conciertos.“Si la persona está en paz y feliz, el tratamiento será más efectivo, pero hasta un límite”, comenta la médica. “Por ejemplo, si tocáramos en una sala donde están dando quimio, puede que los efectos secundarios de ese tratamiento en ese momento no fueran tan dolorosos gracias a la abstracción de la música”.

“Vamos sin pretensiones, esto no es musicoterapia”, explica Alberto, “no pretendemos curar a nadie, simplemente que se lo pasen bien”.

“Una vez tocamos en una planta de hematología”, recuerda Silvia. “Una chica joven abrió un poco la puerta de su habitación porque no podía salir, estaba con mascarilla, aislada. Cuando terminamos de tocar nos llamó para darnos las gracias. Probablemente, durante esa hora que estuvimos tocando sus síntomas serían menores. Que la música contribuye al bienestar del paciente es indudable, eso no lo va a poner en duda nadie”.

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