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Gloria Galán
Martes, 18 de septiembre de 2018

¿Se ha perdido la educación?

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Es imposible que un niño aprenda si le decimos gritando: “¡Qué te he dicho que no grites!” (...). Pero es en la calle donde está la representación más incívica del género humano.

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Un nuevo curso escolar ya ha dado el pistoletazo de salida. Ésta expresión, en un principio, me sonó fuera de lugar, pero si nos ponemos a pensar la simbología que implica, bien podría pasar por válida. ¡Preparados, listos…ya!! ¡¡Todos al cole!! Todo es un ir y venir de ropas, uniformes, libros, mochilas, nervios, lloros e, incluso, ilusiones. Sí, sí, habéis leído bien: “incluso ilusiones”. Treinta y un años como maestra de infantil me avalan para poder expresar un sentimiento que, me consta, muchos docentes comparten.

No voy a hablar de la educación que se impartía hace sesenta años en donde “la letra con sangre entra”. Sí que es verdad que la figura del maestro era muy RESPETADA pero, creo, que era más por miedo que por convicción. Aun así, la labor de los padres para con sus hijos era primordial en ese respecto hacia el profesor.

Llevamos años viendo y sintiendo cómo ese respeto se ha perdido en muchísimos casos. Al día de hoy, en la mayoría de las aulas de toda España, ser maestro puede llegar a ser una profesión de riesgo. No hace falta que recuerde muchos de los titulares que aparecen diariamente en los medios, en los que se informa de agresiones por parte de padres y alumnos a los profesores. Nuestro trabajo es vocacional, estamos para enseñar, para ayudar, para caminar con y junto a nuestros alumnos un período más o menos largo de su evolución. Pero parece ser que algunas familias no lo ven. Quitar la autoridad del maestro delante de sus hijos, viene siendo muy habitual. Y no se dan cuenta del daño que les hacen. Hay que enseñarles y marcarles los límites. Nacemos “salvajes” y necesitamos unas normas que rijan nuestra vida. Las NORMAS BÁSICAS DE EDUCACIÓN que nacen en cada uno de los hogares. Se están perdiendo. Ya no distinguen lo correcto de lo incorrecto.

Es verdad que el constante cambio de Leyes de Educación (siete desde el año 1970) no ayuda mucho, pero de lo que quiero hablar no son de leyes sino de esa pérdida de educación. ¿Quién tiene la culpa?

Lejos de ser pesimista, en estos últimos años, estamos asistiendo a una decadencia educacional, por llamarlo de alguna forma. Es verdad que la vida evoluciona pero, los buenos modales, el civismo, el respeto… no saben de tiempo, ni deberían planteárselo. Todos estos valores nacen en el hogar, en las casas; debería ser la herencia que los padres van dejando a sus hijos de generación en generación. Desde los colegios también inculcamos estos valores básicos, imprescindibles para toda convivencia. Pero percibimos que, actuaciones irrespetuosas, incívicas por parte de algunos alumnos, incluso de algunos padres, todos ellos lo ven como algo normal. Ven normal que su hijo le haya pegado a una compañera porque ésta se haya reído de él “…que no se hubiera reído” -comentan los padres. Los adultos somos los modelos en los que se fijan nuestros chavales, desde los más pequeños hasta los más mayores. Nosotros les enseñamos más desde lo que somos, que desde lo que hacemos o decimos; cuando les hablamos, cuando les preguntamos. Si en nuestro vocabulario aparecen las palabras “gracias”, “por favor”, “perdón”, los más pequeños lo aprenderán y ellos mismos empezarán a incluirlo en sus pequeños discursos. Es imposible que un niño aprenda si le decimos gritando: “¡Qué te he dicho que no grites!”.

¿Y en la calle? En la calle, desgraciadamente, está la representación más incívica del género humano. Si nos damos una vuelta por alguno de nuestros barrios, observamos el deterioro de alguno de ellos. Yo no me puedo quedar inmune ante algunos hechos. Es difícil aceptar, y me niego a hacerlo, que “es lo que hay” y no hacer nada al respecto. Me indigno al ver a adultos orinando en las calles, delante de niños, y no tan niños, sin ningún pudor; o, lo que es peor, parejas a las cinco de la tarde, en pleno parque, manteniendo relaciones sexuales a la vista de todo el que pasa por allí. Mujeres borrachas portando el carrito de su bebé de un lado a otro de la acera, detrás de su pareja, también borracha, y diciendo que “hará lo que él le pida”. ¡¡Impresionante!!

Lo de las basuras, ¡Ay las basuras! Sería muy largo de comentar. Para según qué gente, ni las papeleras, ni los contenedores existen. Ni siquiera las escaleras o el ascensor; directamente tiran la basura por la ventana y, si hay suerte, no cae encima del capó de tu coche.

¿Tan difícil es mantener unas NORMAS DE EDUCACIÓN Y RESPETO? Cuántas veces he tenido que decir a chavales, y no tan chavales, que van en el autobús, sentados en los asientos reservados, que por favor, dejen el sitio a esa señora que va con el bastón, o a la que está embarazada delante de él. Y encima se te encaran. Claro que tampoco ayudan algunos programas de la televisión en donde los tertulianos ¡¡gritan!! para hacerse oír, no se respetan el turno de palabra; programas en donde promueven la venta de su propia intimidad, en donde se meten en una casa para no hacer nada provechoso, fomentar la discordia, la vaguería, la mala educación y luego llenarse los bolsillos vendiendo hasta a su propia madre; programas, a cual más cutre, en donde se buscan parejas “físicamente perfectas” en los que la IGNORANCIA es el motor de la relación. ¡¡Y todos estos programas son los que dicen tener más índice de audiencia!! Entonces yo me pregunto: ¿Qué es lo que se está haciendo mal?

Pero luego miro a mi alrededor y veo que no todos somos así. Tenemos una juventud mayoritaria muy emprendedora, con ganas de hacer cosas (aunque tengan que salir fuera de España porque aquí no tienen posibilidades); gente muy comprometida en las distintas ONG, en Asociaciones tanto vecinales, como deportivas, como culturales. Gente que quiere cambiar este mundo algo “enfermo” y dejárselo mejor a sus hijos. Y todas estas personas siguen manteniendo estos valores como estandartes de su vida. Aún no está todo perdido. Sigamos bogando por la buena educación, por el respeto, por el civismo y la convivencia sana. Estoy segura y, sobre todo, convencida de que podremos hacerlo. Cada uno desde nuestra parcela: en los colegios, en las casas, en las parroquias,  en las empresas, en los hospitales…, incluso en la política y, todos juntos, en la sociedad…¡¡EN NUESTRA SOCIEDAD!!

Gloria Fátima Galán Frías es escritora y ejerce de maestra en el colegio concertado Nuestra Señora de la Providencia, de Pinto.

 

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5 Comentarios
Fecha: Lunes, 24 de septiembre de 2018 a las 15:56
Carmen Navarro
Totalmente de acuerdo!!! Pero quiero pensar que muchos padres intentamos educar desde casa, lo mejor que podemos, aunque no siempre acertamos.
Fecha: Viernes, 21 de septiembre de 2018 a las 19:45
Gloria
Muchas gracias por vuestros mensajes. Me consta que habéis sido muchos los que habéis hecho alguna reflexión sobre este tema que, noto, nos preocupa a todos. El por qué no aparecen ya es un misterio. Doy las gracias a Agustín que, con toda su paciencia, me explica este tema de los comentarios...pero bueno, sé que habéis querido aportar vuestro granito de arena y es la mejor señal de que, entre todos, vamos a recuperar todos los valores perdidos. Un abrazo grande...
Fecha: Jueves, 20 de septiembre de 2018 a las 09:06
Mª Dolores Sánchez Riutord
Quiero subrayar la aseveración de Gloria de que los adultos somos el espejo en el que se miran los más pequeños. Eso es tan trascendental como el reconocer que la familia es el núcleo primordial donde ellos tienen que encontrar aquellos valores que les deseamos trasmitir . La labor de las educadoras y los educadores debería ser complementaria y no única en este proyecto de hacer de nuestras niñas y niños personas libres, con principios férreamente sustentados . A nosotros nos corresponde transmitírselo, desde el respeto y la coherencia, predicando con el ejemplo y compartiendo la labor educativa de las futuras generaciones con el profesorado vocacional y entregado. Y ese respeto, que debe ser norma principal de convivencia a todos los niveles de la sociedad , es lo mínimo que deberíamos ejercer especialmente hacia todas y todos los que ponen diariamente su grano de arena para que nuestras hijas e hijos sean personas caracterizadas por su bonhomía y compromiso con un mundo que deseamos mucho mejor . Siempre gracias a las maestras y maestros que colaboraron en que mi hija y mi hijo sean como son .
Fecha: Miércoles, 19 de septiembre de 2018 a las 11:01
Agustín Alfaya
De nuevo, Gloria, pones el dedo en una de las llagas. Gracias por tus pertinentes opiniones.
Fecha: Martes, 18 de septiembre de 2018 a las 15:05
Victoria
Qué acertada has estado Gloria. Yo también constató a diario gente estupenda q lucha contracorriente pero que no se cansa de seguir adelante. Los q estamos convencidos de que la educación cambiará el mundo hemos de empezar a mostrarlo ya.
Gracias por tu reflexión!!!

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