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Esther A. Muñoz
Viernes, 13 de julio de 2018
PINTO

Centinelas de la salud

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Tras 43 años de profesión, se jubila Antonio García, el enfermero decano de Pinto

antonio garcia centro de salud pinto

El primer Centro de Salud de Pinto se inauguró hace 28 años, el 17 de abril de 1990. Ubicado en su sede actual de la calle Marqués, formaban entonces el equipo médico 15 doctores y 13 enfermeros. Uno de éstos últimos era Antonio García Álvarez, actualmente el profesional sanitario de Pinto con más antigüedad. El próximo 31 de julio, después de 43 años de trabajo, firmará la jubilación.

“Voy a echarlo de menos”, confiesa. Por su consulta han pasado tres generaciones de pinteños, padres que tuvieron hijos y ahora ya son abuelos. “Vivo a la vuelta de la esquina y sé cuál es la hora del café, así que de alguna forma seguiré aquí”. 

Los comienzos | Antes de crearse el primer Centro de Salud de Pinto, Antonio hizo suplencias a Manuela Gómez Adrián -la entonces famosa Doña Manolita, matrona de Pinto entre los 50 y 70 del siglo pasado-. Luego, entró a formar parte de la plantilla de Seguridad Social (1976) y trabajó en los consultorios ubicados en las calles Emilio Zubiría y Pajar. Pero antes de todo esto: cemento y ladrillo. 

Original de Jaén (nació en 1958), la familia se trasladó a Madrid. “Mi padre tenía una pequeña empresa de construcción, así que antes de decidirme por la enfermería hice mis pinitos como albañil”, explica. 
“Creo que mi vocación por la sanidad vino a través de los genes, mi madre era practicante -antigua titulación sanitaria-, y siempre me gustó verla cuidar a los demás”, relata. Una ‘llamada consanguínea’ que también recibió su hermana, enfermera y compañera en el Centro de Salud de Pinto, y más recientemente su propia hija.

 


Pinto, hace 43 años

Corría el año 1975, hace 43 años, cuando Antonio inicia su labor profesional como enfermero. Ese mismo año muere el dictador Franco, lo que propicia el inicio de la transición de una dictadura a una democracia. Entonces, “en Pinto había un solo consultorio con dos profesionales para los 14.000 habitantes de entonces. No había parques ni asfalto en las calles. A Pinto se le conocía como ‘el pueblo del barro’. Visto el pueblo desde hoy, cuarenta años después, el cambio es espectacular, pero también lo es en otros muchos pueblos de la geografía española. El cambio de la dictadura a la democracia nos ha sentado bien”, reseña Antonio García. 

Pero a la hora de elegir, Antonio no se queda con el Pinto actual -“claro, tiene más servicios que antes, pero se está masificando, hay demasiada gente”, comenta-. “A mí me encantaba el Pinto de veinte mil habitantes -20.117 habitantes fue el censo de Pinto en 1985-; te sentabas en la calle y conocías a todo el mundo”, dice. 

En todo caso, el enfermero sigue siendo reconocido por muchos de sus convecinos. “Cuando voy paseando por la calle con mi hija a veces me llama la atención para decirme: ¡qué pasa papá, tienes que saludar a todo el mundo!”. 


 

Nuevo modelo de salud | “La atención sanitaria ha cambiado en todos los sentidos en estos 43 años y la enfermería ha jugado un papel muy importante para que esto suceda”, asegura Antonio. “Hemos tenido que lidiar con consultas de más de 100 pacientes diarios. Eso, si no hay una epidemia, ya no lo volveremos a ver”. 

La revolución en la atención a los vecinos, explica Antonio, es un fruto de la implantación de las consultas primarias. “Los enfermeros empezamos a poder resolver problemas. Antes todo se arreglaba con pinchazos, penicilina para aquí, penicilina para allá. ¿Que tenías un catarro? Cuatro inyecciones. ¿Que no mejorabas? Otras cuatro. Había periodos que pasábamos de los 100 pinchazos diarios por enfermero”. 

La implantación de la atención primaria en los centros de salud acabó con el decreto de la jeringuilla. “Se atendía al paciente, se hablaba con él y se le escuchaba. La atención primaria supuso un cambio radical en el trabajo de enfermería”. 

Tras la creación de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria en 1978 y el establecimiento de los centros de salud en los años posteriores, la Atención Primaria en nuestro país experimentó un gran desarrollo, dando lugar a un nuevo modelo sanitario que ha supuesto mejoras importantísimas en los cuidados de salud de la población. 

“Fui responsable de enfermería en Pinto de 1992 a 1997, por lo que tuve que gestionar la planificación, desarrollo y control de todos los cambios que se estaban produciendo en la forma de trabajar”, recuerda Antonio. 

Como él, toda una generación de profesionales dedicaron su esfuerzo e ilusión a poner en marcha los centros de salud, consiguiendo trasladar su compromiso con los pacientes en su entorno familiar a la modernidad científica de la medicina y las nuevas perspectivas del trabajo comunitario y en red. “Hasta entonces trabajábamos con familias enteras, por zonas”, explica Antonio, “un mismo día estabas haciendo una revisión al niño recién nacido como pasabas al abuelo en sus últimos años”.

centro de salud pintoProfesionalidad y competencia | “Personas habrán pasado por aquí miles, es incontable las que habré atendido. Niños, niños llorando… ¡Pfff! Ahora vienen con 40 años y es distinto, pero ver al enfermero cuando eras pequeño no era plato de buen gusto, significaba inyección instantánea”. 

En esos años entre niños, adultos y ancianos, Antonio pasó de controlar historias clínicas y vigilar el estado del instrumental a ser parte activa en la resolución de los cuadros médicos. Durante todo ese tiempo hay una constante invariable, la profesionalidad del equipo.

“Lo mejor que tiene este Centro de Salud de Pinto es el personal, hay un grupo muy homogéneo, muy compacto, van todos en la misma dirección y me consta que durante todos estos años cada uno de ellos ha dejado una parte importante de sí mismos para lograr el nivel que tiene ahora nuestro centro de salud”. 

Un equipo que de forma discreta, sin protagonismos, ha conseguido superarse año a año y situar al Centro de Salud de Pinto entre las instituciones punteras del Insalud (Instituto Nacional de Salud).

“Los vecinos de Pinto tienen una buena cobertura sanitaria y no tienen nada que envidiar a los municipio cercanos. El equipo de profesionales que forman nuestro Centro de Salud es muy competente”, precisa el enfermero. 

 


El Centro de Salud Universitario de Pinto

Actualmente Pinto cuenta con dos centros de salud, el de la calle Marqués, inaugurado en 1990, y el de Parque Europa, inaugurado en 2002. El de la calle Marqués cuenta hoy con una plantilla de 44 trabajadores: 17 médicos (cuatro de ellos pediatras), 12 enfermeros y auxiliares de enfermería, dos dentistas, dos higienistas dentales, dos fisioterapeutas, una trabajadora social y ocho administrativos.

Al frente de este equipo está Antonio Ruiz, médico de familia desde 1988. Licenciado por la Universidad Complutense de Madrid, trabajó en Parla diez años antes de entrar a formar parte del Centro de Salud de Pinto, donde lleva ya veinte años. En 2006 es nombrado director del centro, cargo que sigue desempeñando en la actualidad.


 

Quejas | Antonio tiene el privilegio de la perspectiva al haber vivido la evolución de la atención primaria desde sus primeros pasos, siendo uno de los profesionales que ha construido y mejorado el servicio en Pinto. Por ello, es consciente de las deficiencias en la inversión en recursos humanos, dotaciones, material e infraestructuras. 
“Para ver a un paciente dispones de un fonendo, una máquina de radiografías, diez minutos y cincuenta personas esperando detrás”, expone Antonio.

“Es evidente que además de paliar el notable deterioro de las instalaciones, haría falta ampliar este Centro de Salud”, continúa Antonio. “Nos faltan consultas y completarlas con profesionales. Nos falta una sala donde podamos tener a los pacientes en observación. Si hoy viene un enfermo con un cólico y tenemos que dejarle en observación, y una hora más tarde se acerca otro con un dolor agudo al que también hay que medicar y ver cómo progresa, tenemos que meterlos en una misma sala e ir pasándoles los sueros de uno a otro. Esto no puede ocurrir, necesitamos más espacios”.

“Mi armario también es un poco tercermundista ¡pero esto no lo digas!”, sugiere cándidamente el enfermero. Aun así, la evolución del Centro de Salud siempre ha sido “a mejor”. “En aparataje instrumental, el paso de los años es abrumador. Por ejemplo, ahora puedes medir la coagulación de la sangre con un simple aparato, una prueba básica para la que antes tenías que trasladarte a Madrid”. 

“La atención primaria ha sido fundamental para evitar la congestión de los hospitales”, advierte Antonio. Hasta su implantación, en España predominaba un sistema ‘hospitalocentrista’. “Todos los políticos coinciden en que la atención primaria es un pilar fundamental de nuestro sistema sanitario pero deberían dotarla de más medios para que se pudieran hacer muchas más cosas”.

centro de salud pintoExperiencia | El ‘título’ de enfermero más experimentado de Pinto no resta modestia a Antonio. “Aquí soy uno más, con un poquito más de experiencia”, dice, “es cierto que me piden consejos sobre asuntos de gravedad -durante esta entrevista fue consultado más de tres veces pese a haber pedido que no le pasaran llamadas-, pero en otras cosas voy por detrás”. 

El enfermero reconoce, “echar en falta el bagaje informático de las enfermeras más jóvenes” que ha hecho que ni perciban, al contrario que él, la paulatina implantación informática de las consultas durante la última década. 
“El enfoque actual de la enfermería hacia los pacientes es más integral porque además de atender las necesidades básicas, trabajamos en favorecer el bienestar y fomentar la salud”, explica Antonio. Así “intentamos prevenir la enfermedad promoviendo estilos de vida saludables, todo dentro del marco de la ‘educación para la salud’, un programa que hacemos en colaboración con Ayuntamiento, centros escolares, asociaciones…”.
El Centro de Salud de la calle Marqués cuenta también con actividad de investigación y docencia como Centro Universitario de Salud, donde completan su formación y especialización médicos y enfermeras.

“Tenemos una de las mejores sanidades del mundo”, dice con orgullo Antonio, pero “también tenemos problemas. Aquí en Pinto hemos sido muy reivindicativos. Hemos estado con las ‘mareas’ en las puertas del Ministerio de Sanidad, protestando desde Atocha hasta Sol para que no desmantelaran nuestra sanidad pública como han intentado. Yo ahora, con los años, estoy más tranquilo”. 

Primaveras atrás, Antonio recuerda cuando, en compañía de muchos, hubo que recorrer las calles de Pinto manifestándose para que la Comunidad de Madrid no retirara del Centro de Salud la nueva máquina de rayos ‘x’. 

Antonio, político | En 1986 Antonio decide formar parte de un nuevo partido político, el Centro Democrático y Social que había sido fundado por Adolfo Suárez en 1982. “Entré con un grupo de personas que querían ser parte de la evolución de nuestro pueblo. Así creamos el CDS en Pinto”. Este partido lograría tener concejales en el municipio de 1987 a 1991. 

“Yo quería estar en el partido, pero un poquito aparte, así que nunca fui concejal”, explica, y cuando Adolfo Suárez dimitió como presidente del CDS tras el fracaso de las elecciones municipales y autonómicas de 1991, el enfermero también decidió abandonar el partido. 

“Fueron buenos tiempos, conocí a mucha gente. No sé cómo pasó lo que pasó con ese partido, porque tenía grandes personas. Yo era centrista y fiel a mis ideas, lo sigo siendo”.

Tras aquella experiencia, siguió la actualidad social y política de Pinto a través de programas en emisoras locales o de articulista en medios de comunicación como Zigzag.

[Img #20062]Despedida | En 43 años de trabajo ha habido tantas anécdotas como pinchazos. “Ahora no me voy a acordar de ninguna”, responde un Antonio inquieto. 

Recuerda que, al acudir a realizar un certificado de defunción, se vio obligado a rezar un rosario por una difunta en un velatorio improvisado por las vecinas; salvar la vida de un pequeño de dos años cianótico que había metido los dedos en un interruptor cuando se encontraba solo en la consulta; su incomodidad por un ataque de risa cuando vio a su compañera poniendo el fonendo a un fallecido al que la familia ya había decidido “meter en la caja”; el año más estresante de toda su carrera, el que pasó en 1978 en Parla con consultas de dos horas y más de 200 pacientes; el dolor al comunicársele que un paciente al que había tratado una úlcera, acababa de morir…

“Este es un trabajo difícil”, sentencia. “En nuestra profesión nos entregamos a los demás, puedes estar más o menos cabreado ese día, con más o menos ganas de trabajar, pero cuando llega una persona que necesita tu ayuda superas todo eso”, reflexiona antes de asegurar que “no, jamás he tenido ganas de dejarlo”.

“Vocación y aguante”, pide para sus compañeros. “Tengo que pensar qué les diré cuando me vaya. Les mandaré una nota. Lo he pasado muy bien con ellos y espero que ellos conmigo. Que hayan aprendido lo que he podido ofrecerles. Decirles que sigo aquí al lado, que no se desanimen. Esta profesión es muy dura y hay que tener vocación, si no, malo. ¡Y aguante! Que no se imaginan…”.
 

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