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Silvia Añover
Martes, 19 de diciembre de 2017

En estas fiestas, aprovecha para mirarte en su espejo

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Durante estos días en los que nos vemos rodeados de luces resplandecientes, niños expectantes y multitudes hipnotizadas por el consumismo, sale de mi vientre un alien con dientes puntiagudos y piel viscosa que devora felicidad vomitiva. Muchos de nosotros empezamos a aborrecer el fenómeno en lo que se ha convertido la Navidad. Borja Villaseca nos pregunta en su canal de YouTube, ¿Por qué te perturba? Parece ser que lo que observamos a nuestro alrededor es el reflejo de lo que hay en nuestro interior. Al menos, eso es lo que explica Yoshinori Noguchi en su libro La Ley del Espejo. 

Después de leerlo empecé a comprender que cuando me siento en la mesa con mi familia, en realidad me estoy viendo a mi proyectada. Meliendi anima a limpiarse las gafas en su último álbum. Creo que es un buen consejo. Solo vemos lo que somos capaces de ver a través de nuestra subjetividad. Vemos al otro desde nuestros valores y creencias, la mayoría heredados, y somos incapaces de percibir los aspectos desde otro punto de vista. Vamos por el mundo con poca empatía.

Por ejemplo, como tu cuñada es tan distinta a ti, tan perfecta, tan magníficamente ideal que se lleva mejor con tu madre que tú, no la soportas. Y es una de las razones principales por las que odias los encuentros en familia, especialmente en estas fechas. Y sale de ti el alien, y no solo no disfrutas de la comida, sino que te peleas con tu pareja, con tus hijos y, por supuesto, con tu madre, mientras tu cuñada le mira con condescendencia. (Es que a tu hija no hay por dónde cogerla, menos mal que ya estoy yo aquí, que traigo un poco de paz y armonía). Claro que eso es lo que imaginas que está diciendo, y la odias más, por supuesto.

Analicemos detenidamente esta situación. ¡Vaya película! Y es que la mayoría de las veces es así, ¡nos montamos una película y actuamos descontroladamente! Un amigo me aconsejó hace tiempo, ¡Pues te aguantas unas horitas, y luego te vas! Otra opción es emborracharse, y ahora entiendes que tu cuñado se beba la botella de vino y se anime a los cubatas el primero. Pero quizá es que sea un tío simpático y desinhibido que se lo quiere pasar bien sin más. 

Estas opciones no me convencen del todo. Me imagino al alien devorando los intestinos, mientras fulminas a tu cuñada con la mirada, y en cuanto tu pareja no te pase la bandeja de langostinos le gritas con el eco de un eructo alienígena. ¡Ni tomando sales se cura esto! 

Bien, este es el momento en que debes ir al baño. Respira. Cuenta hasta 27 o 342 si hace falta. Y piensa en la ley del espejo. Ellos son tus maestros de crecimiento. Te están dando pistas sobre ti. Aprovecha para conocerte. Este circo te molesta por algo. Mira a tu alrededor y analiza la situación con frialdad analítica, mientras te tomas una copita de vino, o una cerveza.

Hay cuatro opciones. Es posible que te veas a ti mismo con ese defecto que no soportas. Empieza por verte tal y como eres, aunque no te guste. Podría ser justo lo contrario, es decir el lado opuesto a lo que tú haces. En ese caso busca el equilibrio. La virtud está en el término medio. Puede que lo que te incomoda que hagan con otra persona, es justo lo que haces tú con alguien cercano. Toma conciencia y cambia tu comportamiento. Y la cuarta posibilidad es que no se cumplen tus expectativas. No aceptas la realidad tal y como es. En ese caso debes relajarte y dejar de cambiar a los demás y su comportamiento. 

Por tanto, si sufres cuando compartes la cena de navidad es porque el espejo te refleja una realidad que no aceptas. Límpiate las gafas y mira con claridad tu alrededor. Si consigues aceptarte a ti mismo y a los que te rodean será el momento de brindar. Te habrás liberado de ese sufrimiento que no te permitía vivir en paz. Es posible que para las próximas navidades lo hayamos conseguido.
 

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