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César Heredero Nogueroles
Domingo, 15 de octubre de 2017

Cataluña

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Estos días estamos asistiendo a un triste espectáculo. Desde los últimos días de setiembre y con culminación en los primeros días de octubre se ha producido en Cataluña el tan manido ya referéndum por la autodeterminación de esa región. Más que por la autodeterminación, por la independencia de España.

Lo que debería haber sido solo un tema político y, consecuentemente, haberse arreglarse de esa forma, no lo ha sido. Los políticos no han estado a la altura. Los dirigentes catalanes por su denodado empeño en realizar dicho referéndum y los dirigentes nacionales por su cerrazón e incapacidad para el diálogo político.

Si pudiéramos elevarnos sobre estos problemas y verlos con una suficiente perspectiva, veríamos que, lamentablemente, el origen de este conflicto viene (como casi todos los males de este mundo) del maldito dinero.
Quítenle ustedes, si quieren, el adjetivo “maldito” porque reconozco que el dinero y yo no somos precisamente amigos. Pero volviendo a ese nefasto protagonismo quiero que me sigan en el siguiente razonamiento. Hay dos, mejor tres, partes de la sociedad catalana y de la nacional que están perfectamente diferenciadas; la política, la élite económica y el pueblo llano.

En las dos sociedades, los primeros no van más que a su propio beneficio, a ingresar todos los meses los euros que puedan y a procurar continuar en esa posición por otros cuatro años más. Los segundos  no son independentistas ni nacionalistas y les importa un bledo cualquier sentimiento; su única patria es el dinero y se apuntan a la solución que más beneficios les produzca. Y, finalmente, está el pueblo llano que, sin poderlo evitar, esta manipulado por los unos y por los otros y, además, por los medios de comunicación que, parece, y a falta de otras noticias que les parezcan importantes, no cesan de darle vueltas una y otra vez a los sucesos del 1 de octubre y lógicamente y a costa de darles tantas vueltas, acaban emitiendo juicios de valor (a lo mejor sin intención) sobre los hechos acaecidos que el efecto inmediato que consiguen es agrandar la grieta existente entre una comunidad y otra.

Los grupos  políticos de ambos bandos, ante su incapacidad de encontrar una solución razonable y negociada al problema, han utilizado a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los unos, y a los Mozos de Escuadra los otros, para interponerlos entre los dos grupos y desviar su responsabilidad hacia estos sufridos cuerpos que se encuentran acorralados entre los dos fuegos.

Con lo razonable que hubiera sido sentarse conjuntamente y ver que problemas constitucionales había entre los que pretendían no tener nada que ver con el Gobierno central y dicho Gobierno. Y no pierdan ustedes de vista que lo que pretenden los independentistas es solo dejar de depender del Gobierno central. No tienen ningún problema con el señor García, de Castilla-León, al cual invitarían gustosos a una cerveza, lo mismo en la Plaza Real de Barcelona que en la Plaza Mayor de Salamanca. Tienen problemas, ambos, cuando, tanto los políticos como los medios de comunicación, (que no debemos olvidar que el objetivo principal que tienen es conseguir anunciantes para sus cadenas, es decir, dinero) les ponen las cabezas locas con sus soflamas y las escogidas imágenes de enfrentamientos que las televisiones difunden.

Es verdad que el referéndum habido no ha reunido las mínimas condiciones de seriedad y normalidad de una acción de este tipo pero no debemos olvidar que dos millones y pico de votos (aunque no fueran reales más del millón y medio o menos por las irregularidades habidas) son muchos votos. Corresponden a mucha gente. Eso debe hacer reflexionar a los políticos. De uno y de otro bando. A los estatales porque es más del diez por ciento de la población total del país y a los autonómicos  porque la cantidad de gente que no ha votado, no vamos a pararnos ahora en el por qué, es también muy elevada.

La Constitución Española no debe de ser una “rígida armadura de fuerte hierro”. De hecho, hay artículos que, desde su entrada en vigor se incumplen alegremente sin preocupar a nadie, ni de un lado ni de otro (léanse ustedes el 45, el que habla de la vivienda digna, por ejemplo). Pero para arreglar esto existe un invento americano, tan bueno como la Coca-cola; las enmiendas a la Constitución. Si la Constitución Española no permite este tipo de consultas en la forma que esta se ha planteado, pongámonos de acuerdo en reformar lo que proceda. Eso es política. Además, yo aprovecharía  la figura de las enmiendas, para modificar el artículo 45 que dice “…que todo español tiene derecho a una vivienda digna…” y lo anularía porque unos artículos más adelante establece el sistema económico español cono de “libre mercado” y otro más allá como garante del  “derecho a la propiedad privada de toda persona”. ¿Creen ustedes que con detalles como estos una Constitución puede denominarse seria en estos tiempos?

Volviendo al tema que nos preocupa de los sucesos catalanes y de la “cabezonada” política de ambas partes en no sentarse a negociar, creo que la principal culpa, aunque nadie la haya mencionado todavía y perdónenme ustedes, es del dinero. Los unos, los del Gobierno central, no se cansan de decir que Cataluña gasta más de lo que ingresa, y los de enfrente, los autonómicos, creen que su contribución cubre los gastos de media España.

¿Quién tiene razón? Yo no lo se, pero estos días pasados, dos de los principales bancos catalanes están cambiando su sede fuera de Cataluña. Y no me digan que porque no están de acuerdo con la independencia catalana, que eso no se lo cree nadie. Yo  pienso que hay razones económicas subyacentes de forma que la independencia o el sometimiento al poder central les trae sin cuidado. Lo que les interesa, sobre todo, es proteger sus inversiones y, consecuentemente, asegurarse sus miles de euros de sueldo a mes. ¿Hay que refrescarles la memoria?

Como no ocurra que la mayoría de esa sufrida clase del hombre de a pie dé un puñetazo encima de la mesa y mande a unos y a otros, a los independentistas y a los centralistas a sus casas y a trabajar para comer y los nuevos que vengan, reformen la Constitución, las autonomías, las elecciones, la política en suma…. ¡estamos en el siglo XXI! Dejemos, por favor, de profundizar la brecha que, trágicamente, esta volviéndose a producir, como hace ochenta años.

 

*César Heredero Nogales vivie en Pinto desde hace más de 20 años. Jubilado en la actualidad, ha sido emprendedor y empleado de Iberia.

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