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Agustín Alfaya
Miércoles, 4 de octubre de 2017

Gracias Felipe

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En una alocución sin precedentes, Felipe VI ha condenado con rotundidad y sin retórica a las autoridades de la Generalitat que han pretendido y pretenden dar un golpe de estado en Cataluña.

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Más allá de la palabrería y promesas huecas del aún presidente del gobierno español, un indolente desparecido en combate, el rey saltó a la arena y tomó el toro por los cuernos con un mensaje rotundo, claro y sereno. Cierto que su exposición rompió todos los puentes con las sediciosas autoridades catalanas de la Generalitat, pero es que esos puentes estaban ya dinamitados por una situación pre fascista creada por los instigadores del golpe.  

Cierto también que el rey estaba obligado a salir a la palestra, porque ante la huida de Rajoy -“el presidente comparecerá en el Congreso la próxima semana cuando pueda”, anunció la presidenta del Congreso, Ana Pastor, para escándalo y desazón de los que aún confían en semejante presidente- el jefe del Estado no podía seguir en la penumbra y el silencio ni un día más. Porque llevábamos dos días constatando que Rajoy y su gobierno habían tirado la toalla viendo como Puigdemont, Junqueras, la CUP y demás mártires de la causa separatista intentan acabar de forma fascista con el Estado español.

Por ello, ante la falta de alternativa y la gravedad de los hechos consumados, el rey fue claro y contundente, ofreciendo tranquilidad y esperanza a la inmensa mayoría de ciudadanos españoles demócratas. La alocución ha provocado las iras de los independentistas y la condena de los ‘alternativos’ que quieren cargarse la Constitución del 78 para traer no se sabe qué, pero Felipe VI cumplió su mandato institucional sin sobrepasar los límites que él respecta escrupulosamente.

El histórico discurso de Felipe VI evitó subterfugios y con palabras duras identificó a los culpables de “una deslealtad inadmisible”, unas autoridades autonómicas que ya no pueden ser tenidas por demócratas, a las que acusó de haber “socavado, dividido, fracturado y enfrentado” a la sociedad catalana con su contumaz e “inaceptable intento de apropiación”. Por ello, el rey emplazó “a los poderes legítimos del Estado” a asegurar el orden constitucional por todas las vías legales a su alcance.

El nacionalismo es aún más eficaz que el fascismo en su capacidad de combinar victimismo y matonismo, como estamos viendo estos días en Cataluña. Los dirigentes sediciosos intentan imponer su proyecto autoritario a toda la sociedad, desobedeciendo a los tribunales, laminando los derechos políticos de la oposición y confiando al control jacobino de la calle el éxito de su revolución.

Rotos todos los puentes con el Estado de Derecho, los independentistas de la Generalitat y sus acólitos nutren a sus huestes del combustible de la emoción y la gasolina de la mentira. Falacias, escraches, piquetes, acosos selectivos… son las formas de actuar del separatismo para consumar el desborde del Estado mediante hechos de fuerza.

Pero ayer el rey se ganó la simpatía de una amplísima mayoría de españoles que son los que derrotarán al pre fascismo nacionalista y mantendrán el Estado de Derecho. Yo no soy monárquico, pero me sentí representado por Felipe VI. Lástima que no pueda decir lo mismo del gobierno de Rajoy.

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