Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Agustín Alfaya
Jueves, 20 de abril de 2017
Asesinatos durante y después de la Guerra Civil en Pinto por ambos bandos

Pinto en medio del infierno

Guardar en Mis Noticias.

La iniciación de un proceso, aprobado por el Pleno municipal, para otorgar la Medalla de Honor del Ayuntamiento de Pinto a Francisco Aguilar Lagos, último alcalde de la República, fusilado por el Franquismo en 1939, así como la iniciación por el arzobispado de Madrid de una causa de canonización del cura de Pinto, Manuel Calleja Montero, y de su padre, José Calleja Teruel, asesinados al comienzo de la Guerra Civil por las milicias republicanas, han traído a la actualidad local viejas heridas de aquellos terribles años.

Sabidas son las atrocidades, crímenes, tragedias, salvajismos y  barbaridades que se cometieron en España durante y después de la Guerra Civil por ambos bandos contendientes. La bibliografía nos ha ilustrado con profusión de datos y testimonios sobre este periodo, el más negro de la historia de España, una historia henchida de episodios heroicos y honrosos, pero también con capítulos siniestros.

Muchos de los episodios de la Guerra y de la represión de la Dictadura en Pinto son poco o nada conocidos por la generalidad de nuestros vecinos actuales. Por ello, obligados por tener que comunicar los citados casos de actualidad, Zigzag ha recabado los pocos documentos y actas que hay sobre estos sucesos, así como algunos testimonios de familiares de las víctimas, con el fin de que nuestros vecinos tengan acceso, de acuerdo con la Ley de la Memoria Histórica, a conocer sin partidismos lo que ha pasado en esos crueles años de infamia y vergüenza.

Cerrar heridas | La Ley de la Memoria Histórica, del 26 de diciembre de 2007, tiene por objeto “promover la reparación moral y la recuperación de la memoria personal y familiar”, de “quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa durante la Guerra Civil y la Dictadura” (artículo 1). Se pretende así “el  fomento de los valores y principios democráticos, facilitando el conocimiento de los hechos y circunstancias acaecidos durante la Guerra Civil y la Dictadura” (art. 2), profundizando en “el espíritu de reconciliación y concordia”, así como “de respeto al pluralismo y a la defensa pacífica de todas las ideas, que guio la Transición” (exposición de motivos de la Ley).

Pinto | De acuerdo con la citada Ley, también en Pinto en los últimos años se han suprimido símbolos, monumentos y nombres de edificios públicos, calles y plazas  conmemorativos de la Guerra Civil o de la Dictadura, con el fin de evitar toda exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Si bien, aún hay cuestiones pendientes.

Así, desde hace cinco años, descendientes de Francisco Aguilar Lagos, alcalde republicano de Pinto al comienzo de la Guerra Civil, piden un reconocimiento para su familiar que fue fusilado por el régimen franquista en 1939 en Madrid. Esta petición prosperó en el Pleno del 26 de enero pasado, que con los votos favorables de Ganemos y del PSOE y la abstención del PP y de C’s aprobó el inicio de un proceso para otorgar la ‘Medalla de Honor’ del municipio a Francisco Aguilar Lagos.

También el 18 de marzo pasado el arzobispado de Madrid ha abierto una causa de canonización por martirio de 49 sacerdotes y 7 familiares asesinados durante la Guerra Civil por las milicias armadas republicanas. Entre los ejecutados se encuentran el cura de Pinto, Manuel Calleja Montero, y su padre, José Calleja Teruel.
Pero además, desde el inicio de la Guerra Civil (18 de julio de 1936) hasta la entrada en Pinto de las tropas franquistas (2 de noviembre de 1936) diversos comités y milicias republicanas mataron en la localidad a 24 personas. Luego, el bando vencedor ejecutó, encarceló o persiguió a decenas de personas por su implicación en los hechos anteriores o, simplemente, por ser republicanos.

De acuerdo con los documentos que ha podido recopilar Zigzag, las matanzas han sido las siguientes:
   
[Img #17229]El cura y su padre | Manuel Calleja Montero, de 24 años, era coadjutor de la parroquia de Santo Domingo de Silos de Pinto y capellán de las Ursulinas en el Colegio de San José durante 1935-36. Su padre, José Calleja Teruel, tenía 54 años. Ambos, según el acta del proceso de canonización como mártires, fueron ejecutados en el camino de Pinto a Parla el 27 de julio de 1936. Sus restos descansan en el cementerio viejo de Pinto, bajo una lápida familiar.

El acta de canonización describe así estas dos ejecuciones: “El 27 de julio de 1936 padre e hijo fueron encerrados, junto con otros vecinos, en un teatro, situado enfrente de la iglesia. El alcalde de Pinto, Francisco Aguilar Lagos, ante la llegada de milicias de Madrid, temía por la vida de los prisioneros y los soltó. A Don Manuel y a su padre les indicó que se dirigiesen hacia la estación. Parece que el alcalde intentó salvar a los demás ‘distrayendo’ a los milicianos con el cura [que no era natural de Pinto]. Ellos, en efecto, atraparon al joven párroco y a su padre, lo obligaron a desnudarse y los asesinaron en el kilómetro 23 de la carretera de Badajoz. No escucharon la petición del [Img #17230]padre que imploró ser fusilado antes que su hijo”.

Acusación | Según testimonio que aporta a la causa Teresa Esteban Calleja, sobrina del cura y nieta del padre del cura asesinado, “el alcalde republicano [Francisco Aguilar] les encerró al salir de misa junto a otras 29 personas del pueblo, entre ellas su propio hermano, por ser católicos o de ideas políticas contrarias a las suyas”.
 Teresa añade que “al ser informado el alcalde de que venían milicianos para fusilar a las personas encerradas, dejó salir al cura y a su padre diciéndoles que fueran por el camino de la estación hacia Parla. Al llegar los milicianos les dijo: si queréis coger al sacerdote y a su padre, acaban de marchar camino de la estación. Mientras los milicianos perseguían al sacerdote y su padre, el alcalde dejó libres a las otras 29 personas encerradas, indicándoles que se escondiesen en pajares o fuera del pueblo para que los milicianos no los encontrasen”.

Otra versión | Radicalmente distinto es el testimonio de Valentín Granados Aguilar, nieto del alcalde republicano Francisco Aguilar. Valentín dice que las cosas no fueron así sino muy distintas: “Mi abuelo escondió al cura y a su padre en su casa de la calle Terreros, jugándose la vida cuando el piquete de la CNT fue allí a preguntarle a mi abuelo dónde estaba el cura y él les dijo que no sabía. Una vez que se fueron los milicianos de su casa, les dijo al cura y a su padre que tenían que escapar”.

“Aquellos eran unos tiempos de odios y venganzas -comenta Valentín- y mi abuelo intentó que no hubiese muertes por ningún lado. Incluso llegó a enfrentarse con los milicianos de la CNT cuando algunos de éstos violaron a la mujer del médico y luego el doctor y su mujer decidieron suicidarse. Era una locura”.

También José Lagos Bravo añade que “desde niño mi familia y mi madre me decían que mi bisabuelo [Francisco Lagos] era una persona muy buena y que trató en lo que pudo a todos por igual”. Y Daniel Santacruz, actual concejal del gobierno de Ganemos Pinto, ha declarado que “siempre apostó por la paz y la justicia”.
 
El alcalde |
Francisco Lagos Aguilar nació en Pinto el 7 de enero de 1881. De profesión jornalero, se casó con Raimunda Lagos Núñez con la que tuvo ocho hijos. No hay ninguna foto suya y tampoco hemos podido saber en qué fecha exacta fue investido alcalde. Los documentos de esa época “fueron destruidos por los rojos”, decían los franquistas, o “quemados por los fascistas”, aseguran los contrarios.

Lo cierto es que, militante del Partido Socialista Obrero Español  de Largo Caballero, Lagos era alcalde de Pinto por el Frente Popular cuando el 18 de julio de 1936 estalló el golpe de estado de Franco y mantuvo el cargo hasta el 2 de noviembre de ese año, cuando las denominadas tropas nacionales entraron en Pinto.
Lagos, en su condición de alcalde, fue también miembro del denominado Comité de Salud Pública de Pinto al que un informe del 28 de julio de 1941 del alcalde pinteño franquista Emilio Izquierdo atribuye la responsabilidad “de los encierros en el edificio de la calle Hospital, 2 y después en el Ayuntamiento, y toda clase de desmanes y asesinatos”.

“Mi abuelo fue alcalde por casualidad. Según me contó mi familia, él no se había postulado, pero lo nombraron”, explica Valentín Granados. Parece ser que el último alcalde de la República empezó a ejercer como tal no antes de 1935. 

Hay que tener en cuenta que posteriormente a las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en Pinto no se volvieron a celebrar otras elecciones municipales hasta el 1 de abril de 1979, ya con la democracia actual, y que durante los cinco años y medio que duró la república en Pinto hubo al menos tres alcaldes de tres partidos distintos. Esto no era extraordinario ya que durante la República en Madrid hubo 7 alcaldes distintos y en Barcelona y Valencia, 8.

Dos de los  alcaldes pinteños republicanos fueron ejecutados durante el conflicto, primero José Ortiz de Lanzagorta, de Acción Popular (derechas), el 20 de septiembre de 1936, y luego Francisco Aguilar, del Frente Popular (izquierdas), el 24 de junio de 1939.  

[Img #17241]Huida y regreso a Pinto | Antes de entrar las tropas franquistas en Pinto, el 2 de noviembre de 1936, Aguilar se marcha con su familia a Consuegra (Toledo), donde es acogido por unos amigos durante el resto de la guerra. Acabada ésta vuelve a Pinto, “prueba de que él tenía claro que no había cometido ninguna barbaridad”, señala con razón su nieto Valentín.

Pero “el 1 de mayo de 1939 van los franquistas a detenerle a su casa de la calle Terreros y se lo llevan a Madrid, donde sufrió torturas”, cuenta Valentín. Finalmente, un Consejo de Guerra celebrado el 25 de mayo le condena a muerte y es fusilado el 24 de junio de 1939, junto a otras  101 personas, en las tapias del cementerio de la Almudena de Madrid.

Mucho después, el 29 de octubre de 2008, la familia obtiene un certificado del cementerio de la Almudena en el que les comunica que el cuerpo de Francisco fue “inhumado el 24 de junio de 1939 en sepultura temporal (…) enviándose sus restos al osario común el día 14 de junio de 1950”.

Represalias | Tras la guerra surgió la represión. Tanto Valentín Granados como José Lagos aportan algunos datos. “A mi abuela [esposa de Francisco] le quitaron las poquitas tierras que tenía y se quedaron en la miseria”, dice Valentín, y añade que a su madre, “y a todas las mujeres rojas”, le “cortaron el pelo para humillarlas”. También “a los tres hijos mayores de mi abuelo los metieron en la cárcel unos meses y luego los soltaron, pero siempre vivieron con miedo”.

Por su parte José relata un episodio que escuchó de pequeño. Un día trabajando en el campo, uno de los hijos de su bisabuelo identificó una yunta de bueyes como propiedad de su padre y se lo dijo al capataz. La respuesta fue: “Mejor que tengas la boca cerrada si no quieres que te ocurra lo mismo que a tu padre”.

“No consta” | Valentín, nieto del ejecutado Aguilar, aporta un certificado emitido por la dirección general de Instituciones Penitenciarias, de fecha 16 de marzo de 1981, que detalla la fecha de la ejecución del reo al tiempo que señala que “no consta” el delito por el que se le fusila.

Valentín dice que no desea que “sólo una parte de la Corporación” vote a favor de darle la Medalla de Honor del municipio a su abuelo, que para eso ya lo podría haber propuesto él en los años ochenta “cuando teníamos mayoría absoluta” [Valentín fue concejal del Ayuntamiento de Pinto por el PCE y luego por IU en esos años]. “Yo quiero que haya unanimidad y que voten a favor PP y C`s, que sea un acto de reconciliación de todos”.

Ejecuciones republicanas | Entre julio y octubre de 1936 fueron ejecutadas en Pinto por sus ideas políticas o religiosas 24 personas, según consta en las actas del Centro Documental de la Memoria Histórica, custodiadas en la Fiscalía del Tribunal Supremo (cajas 1.509 y 1.533 del Partido Judicial de Getafe-Pinto).
Estas 24 víctimas fueron el ya citado cura y su padre. También el anterior alcalde de Pinto por Acción Popular, José Ortiz de Lanzagorta, de 32 años (ejecutado el 28 de agosto de 1936), y cuatro concejales más de este partido asesinados a lo largo del mes de septiembre: Eugenio Loarte Lebrón (35 años), Adrián Pérez Escribano (36 años), Mariano Baquero Pérez (50 años) y Luis de Galdo Lebrón (53 años).

Asimismo también fueron inmolados por sus ideas políticas “el falangista Francisco Infante Batres (32 años, de profesión industrial)” y los “militantes de derechas” -como les denominan las referidas actas- Manuel Loarte Lebrón (27 años, juez suplente), los labradores Tomás Carballo Jordán (46 años) y Enrique Loarte Lebrón (20 años), así como los hermanos Félix (46 años), José (41 años), Juan (40 años) y Jesús (34 años) Creus Vega, de profesión “propietarios”, siendo Juan el  presidente de la Sociedad de Labradores de Pinto
Otros tres “asesinados por sus ideas políticas de derechas” son el viajante Rufo López y el mecánico Ladislao Martín (de ninguno de los dos figura su edad) y el jornalero Eugenio Fernández Muriel (40 años). De Ladislao los documentos relatan que “fue arrastrado por el pueblo y enterrado vivo”.

Sin que los documentos recojan filiación política alguna, fueron ejecutados el peluquero Emilio Fernández Alcázar (45 años) y otra persona de la que no se ha registrado su profesión, José Mª Calleja (56 años).

Violaciones y asesinatos de mujeres | Además de la violación de la mujer del médico y consiguiente suicidio del matrimonio, lo que provocó el “enfrentamiento del alcalde con esos monstruos”, según ha relatado más arriba Valentín Granados, los milicianos asesinaron a cinco mujeres, tres de ellas por ser católicas militantes, las hermanas Pilar y María Gallego Granados (“muy religiosas” y de profesión “pensionistas” son calificadas en las actas) y la presidenta de la catequesis, Isabel Solo de Zaldívar, de profesión “propietaria”.

Las otras dos mujeres linchadas fueron dos maestras de la fábrica de chocolates, María García Busquet y Valentina Pascual, de 60 y 62 años de edad, respectivamente.

Las cinco mujeres fueron violadas antes de ser asesinadas. Según las actas, los autores de estas violaciones y asesinatos fueron Federico Lorenzo Hermida, ‘el Federo’, en compañía de unos “milicianos desconocidos” y el padre del Federo de nombre también Federico Lorenzo. Junto a estos individuos, las actas imputan a los siguientes vecinos como partícipes en algunas de las matanzas: Tomás Bonilla, ‘el Bicho’; Daniel Ricote, ‘Orejitas’; Mauricio Jiménez, ‘Poso’; Eugenio Aguilar Lagos, ‘el Quinto’; Fernando Atienza, ‘el Colorao’; Celestino Carrero, ‘el Plancha’; Eugenio Jordán, ‘Machaca’; Gregorio Granados, ‘el Jarro’; Juan García, ‘Zapatero’; y Santiago Alonso Manzanero, Antonio García Palacios y José Contado García.

Finalmente, el informe que hace en 1941 el entonces alcalde de Pinto, Emilio Izquierdo, a petición del fiscal instructor delegado de la Causa General de Madrid y Ávila, señala en su punto nº 10 que “mujeres que hayan intervenido en desmanes de la checa, se ignora. Ahora bien, hay muchas que intervinieron en la quema de los periódicos de derechas e incitaban a los hombres a que cometieran desmanes”.

Fusilamientos y represión  durante la Dictadura | El joven investigador de la historia local, Mario Coronas, cifra en “66 los pinteños y pinteñas asesinados durante la represión franquista”, pero no aporta la relación completa de nombres y no hay noticia de ninguna mujer ejecutada, aunque sí de 11 hombres vinculados a la República. También está documentado que padecieron cárcel o algún tipo de persecución decenas de hombres y mujeres, familiares de los que perdieron la guerra.

Así los franquistas condenaron a muerte y fusilaron el 24 de junio de  1939 al ex alcalde Francisco Aguilar y a otros cinco miembros del Comité de Salud de Pinto: los hermanos Fernando (‘el Colorao’) y Valentín Atienza Martínez, Tomás Bonilla Castañeda (‘el Bicho’), Eugenio Jordán Lagos (‘Machaca’) y Daniel Ricote Caldás (Orejitas’).

Poco después, el 5 de septiembre de 1939, son fusilados en el mismo cementerio de la Almudena otras cuatro personas, miembros del Comité del Pueblo de Pinto: Francisco Serrano Carrero, Víctor Pérez Casado, Gregorio Aguado Salgado y Mariano Fernández Pérez. Y dos años y medio más tarde, el 2 de abril de 1942, fallece en prisión Francisco Cámara Jordán.

‘Matacuras’ | Un caso especial es el famoso ‘Matacuras’, sobrenombre de Justo Roldán Sainero debido a que él declaraba que había matado a cinco curas. Sin embargo, no fue condenado por estos supuestos crímenes que él mismo reivindicaba, sino por ser miembro del Comité del Pueblo de Pinto y haber participado en el asesinato de los cuatro hermanos Creus Vega el 22 de agosto de 1936. Fue condenado a muerte, pero se le conmutó la pena por cadena perpetua y trabajos forzados en el Valle de los Caídos.

Tras unas peripecias de película, a este hombre se le redimió la pena y llegó a ser conserje de la Hospedería del Valle por recomendación de Diego Méndez, arquitecto-director de las obras.

Según relata el profesor Alberto Bárcena, “el ‘Matacuras’ acudió a Pinto para asistir al entierro de su padre, años más tarde. Allí llegó escoltado por la Guardia Civil, en previsión de posibles altercados motivados por su presencia”. Acabada su estancia en el Valle fue puesto en libertad.

De su peculiar escala de valores, da cuenta esta anécdota que recoge el citado profesor Bárcena: “Justo nunca trató de desmentir su mote de ‘Matacuras’, antes bien, llegó a jactarse de ello en más de una ocasión (…). Sin embargo, consta su indignación cuando se le señaló como sospechoso de ser el autor de un robo ocurrido en la abadía: “Yo soy capaz de matar a siete guardias civiles y a siete curas pero robar…, eso nunca”.

[Img #17231]Reconciliación | Felizmente las sociedades española y pinteña están hoy a años luz de las que dieron origen a los terribles hechos que hemos relatado en este reportaje y que sucedieron durante la Guerra Civil y las primeras décadas de la Dictadura subsiguiente. Sin embargo, ninguna sociedad está libre de volver a repetir semejantes barbaridades, no hay más que echar un vistazo a Siria o, incluso en la mismísima Europa, a lo que sucedió en los Balcanes en los años 90.

Además de la humana necesidad de saber y comprender, el propósito de Zigzag ha sido relatar estos hechos sin partidismos ni apasionamientos, con datos, documentos y testimonios de primera mano. Además del imprescindible aporte documental, hemos entrevistado a familiares directos de las víctimas de las dos partes enfrentadas y hemos intentado huir de habladurías, chismes y comentarios no contrastados o realizados desde un exclusivo punto de vista ideológico.

El objetivo, de acuerdo con el artículo primero de la Ley de la Memoria Histórica, que citamos más arriba, no es otro que promover la reparación moral y la recuperación de la memoria personal y familiar”, de “quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa durante la Guerra Civil y la Dictadura”. Para que nunca jamás vuelvan a suceder tamañas fechorías y para que “el espíritu de reconciliación y concordia” se afiance aún más en nuestro pueblo, así como el “respeto al pluralismo y a la defensa pacífica de todas las ideas”.

 

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
3 Comentarios
Fecha: Martes, 6 de junio de 2017 a las 11:33
Mario Mirman
Excelente articulo. Mis felicitaciones. Pero tengo una duda.. ¿el médico de Pinto lo era también de Valdemoro? Me dedico a la investigación postal y estoy estudiando una serie de postales, misivas y cartas de Santiago Muñoz Sanz, preso en Yeserías en 1939, condenado a muerte y fusilado el 27 de noviembre de 1939, acusado de la muerte "del médico en los tristes sucesos de Valdemoro". Fue el médico que suplió al médico asesinado. Gracias de antemano por cualquier ayuda y les repito.. enhorabuena por el tratamiento exquisito de tan tristes sucesos. Esto es concordia. Mario Mirman
Fecha: Sábado, 29 de abril de 2017 a las 10:45
Agustín Alfaya
Al publicar este reportaje mi intención no ha sido otra que la de informar partiendo de la documentación y testimonios de familiares víctimas de esa tragedia que pude recabar. Sé que el reportaje no agota el tema ni mucho menos, simplemente muestra unos hechos. Posteriores aportaciones pueden enriquecer y mejorar lo que yo he hecho y cuyo mérito para nada me atribuyo, sino que es de las personas que me han aportado los documentos y los testimonios. Yo sólo he sido un instrumento literario y/o periodístico. Es cierto que hay más detalle al señalar a los causantes de unos asesinatos que a los de otros, pero esto es porque, insisto, no conozco más documentación certificada. Lejos de mí ser partidista en estos crueles episodios de nuestra historia ni adoptar un propósito miserable de manipular la verdad sobre los asesinatos.
Fecha: Viernes, 28 de abril de 2017 a las 13:02
injerto
Percibo un cierto sesgo parcial en este artículo, toda vez que se detallan con profusión de hechos, autores con nombre, apellidos y hasta apodos de los desmanes que hicieron algunos "milicianos" a personas identificadas en Pinto, y por otro lado, se alude a las represalias "generalistas" de los vencedores sin que se haga alusión apenas a detalles, nombres de los responsables ni de las víctimas. Da la impresión que quieren transmitir que unos fueron malos, pero los otros fueron peor.

ZIGZAG Digital • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress