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José Luis Gutiérrez
Viernes, 9 de diciembre de 2016

Diwali

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El domingo 30 de octubre celebramos con los niños de Matruchhaya el día grande del Diwali.

La jornada anterior pedimos a Raju que viniera al orfanato con todo lo que fuese menester para preparar sus deliciosos pani-puri. Comimos esas exquisitas bolas de pan frito rellenas de diversos vegetales y especias hasta saciarnos. Aunque intenté contenerme, por miedo al efecto que podría provocar el exceso de picante en mi sistema digestivo, creo que comí diez, pero hubo niños que reconocieron haber comido más de veinte. Afortunadamente, parece que no ha habido efectos secundarios.

Después los menores se dividieron en dos grupos para pintar sobre el suelo, a la entrada del hospicio: un pavo real frente a la puerta principal, y una flor gigante en el acceso posterior, utilizando directamente pigmento en polvo, lo que confiere una viveza especial a los colores. Cuando terminamos de cenar salimos todos al patio, donde encendimos numerosas bengalas y prendimos algunos petardos.

Tengo la impresión de que este año la locura pirotécnica que genera el Diwali es un poco menor. Tal vez sea por la recomendación del gobierno indio, que asegura que en estos días la contaminación que provoca la pólvora quemada, especialmente en las ciudades, alcanza cotas preocupantes. Cierto es que el aire de muchas ciudades indias, como Nadiad, en la que se encuentra Matruchhaya, resulta muy a menudo irrespirable, por la contaminación procedente del tráfico, pero también por la ausencia de un sistema eficaz de recogida de basuras, lo que obliga a muchas personas a quemar sus propios residuos.

Este año en Matruchhaya hay muchas caras nuevas, también he echado en falta a varios de los internos que por su edad han abandonado ya la inclusa. Ashok, Stuti, Kinnari, Sweta, Raja y Deep ya no viven en Matruchhaya. Anjoli, Akash, Subob y Guita encontraron familias adoptivas en Francia, Estados Unidos y alguno de ellos en India. Pero quizás la ausencia más llamativa, por lo inesperado, sea la de Veronika, de quien todo el mundo se acuerda mucho. Por lo que nos cuenta nuestra amiga Reme, también Veronika añora a sus amigas de aquí. Nos dice que tras la intervención quirúrgica parece que está recuperando vista progresivamente, pero resulta difícil determinar hasta qué punto está mejorando porque, aunque muestra signos evidentes de recuperación, cuando le preguntan, ella afirma que no hay diferencia.

Veronika habla a menudo en gujarati con nuestra hija Roshní. Un día le contó que estaba muy contenta, porque se había visto a sí misma en el espejo y se había encontrado bonita. Lo desconcertante es que a Reme le dice que sigue sin ver. Tal vez sea un modo de conservar por más tiempo los cariñosos cuidados y la protección que le dispensan Reme y su familia.

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