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Esther A. Muñoz
Lunes, 5 de diciembre de 2016
EL CLUB DE LECTURA DE PINTO

Donde Pío Baroja mola

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Una vez al mes, diez ávidos lectores se reúnen en la Casa de la Cadena para hablar de literatura. El tema parece sencillo -se propone un libro, se lo leen y se reúnen para comentar qué les ha parecido- y sin embargo, se ha convertido en una experiencia tremendamente profunda.

[Img #16177]Hoy toca hablar de Luis Landero en el Club de Lectura de Pinto. El dulce acercamiento al pasado de Landero que se refleja en “El balcón del invierno” no parece que haya gustado demasiado entre los apasionados del escritor. “Esto es de lo peor que ha hecho”, sentencian. Aun así, Cristina dirige la conversación, intentando ahondar en las partes más íntimas del libro.

Bibliotecaria en el edificio Javier Lapeña, Cristina Fernández Ostos dirige el Club de Lectura de la biblioteca municipal desde hace cinco años, aunque este grupo de devora-libros se creó en Pinto hace casi 15. “Para mí es trabajo, pero es lo que más me gusta hacer de mi trabajo”, revela Cristina.  “Como bibliotecaria me limito a catalogar libros, así que durante las sesiones del Club de Lectura disfruto muchísimo, nadie se puede hacer una idea de lo que aprendo sólo preparándolo”.

Intimidad | Una vez al mes, diez ávidos lectores se reúnen en la Casa de la Cadena para hablar de Chirbes, Galdós, Wharton, Blasco Ibáñez… El tema parece sencillo -se propone un libro, se lo leen y se reúnen para comentar qué les ha parecido- y sin embargo, se ha convertido en una experiencia tremendamente profunda. “Cada uno leemos el libro a nuestra manera, pero cuando llegas aquí descubres las maneras de tus compañeros y, de repente, de un solo libro pueden salir cinco versiones diferentes”, resume Marga, una de los diez  que componen el club.

“Aquí miramos los libros a través de un calidoscopio”, comenta Paula, “tú lo has leído de una determinada manera, pero girándolo un poquito puedes verlo de forma totalmente distinta”. Charlas que trascienden y se convierten en debates morales, mimetizaciones de razonamientos que en un principio veías imposibles -“vienes pensando una cosa, alguien dice otra completamente contraria a la tuya y piensas: ¡ah!, pues tiene razón”- y vivencias personales  que influyen en la forma de concebir la lectura. “Cuando llegas aquí descubres que en lo que tú cuentas de tu lectura se reflejan temas muy personales, cosas íntimas, tu relato se convierte casi en una terapia”, se desnuda David.

“No hablamos sólo de libros”, aclara Cristina,  “hablamos de nuestras experiencias, nuestros sentimientos, de lo que ha significado para nosotros la lectura. Todos nos hemos abierto en mayor o menor medida y quizás con otra gente no llegas al  grado de intimidad que alcanzamos aquí”.


Libros que llevan a otros libros

El Club de Lectura de Pinto se creó en 2001. El grupo actual, dirigido por Cristina Fernández, se formó en 2011, cuenta con diez personas y se imparte un jueves de cada mes de 18.30 a 20.30 horas. Es el único club con el que cuentan las bibliotecas municipales de Pinto y para participar hay lista de espera.

 “Nos gustan mucho esos libros que te llevan a otros libros”, explica Cristina, una afición que hace indispensable contar con una amplia red de bibliotecas y de préstamo de libros que acompaña sus gustos. El club trabaja con el servicio de préstamo de libros de la Comunidad de Madrid y tiene una estrecha colaboración con la biblioteca Gloria Fuertes de Parla.


Leer o descubrir | Y por supuesto, la principal virtud del Club de Lectura es descubrir autores y sorprender  a sus integrantes con nuevos horizontes. “Aquí tienes la oportunidad de poder hablar de algo que te encanta, como es la lectura, con otra gente que comparte tu misma afición”, comenta Jesús con desahogo. “¡Es algo que no es normal! Yo no puedo hablar así con mi familia ni con mis amigos, porque si leen escogen best seller [obras de gran éxito en ventas], no puedo contarles mi experiencia con Landero, porque no saben quién es Landero”.

“Un libro leído en un club de lectura no se te olvidará nunca, aquí los libros se leen de forma diferente”, compara Cristina, tratando de explicar la importancia de su pequeño club. “Si a un lector voraz hay algo que le gusta más que leer es hablar de libros”, dice la bibliotecaria, apasionada de los libros, de las charlas que surgen de su lectura y, por ende, de su trabajo.

“Cuando leemos un libro, éste cobra vida propia, ya se queda grabado en nosotros”, interviene David ratificando lo dicho por su instructora de obras. “Vas dando una vuelta por una librería y le ves; te quedas parado porque ese libro significa algo para ti, si no lo hubieras comentado aquí sería distinto”. Todos coinciden en que cuando leen el libro propuesto en su círculo están más atentos y la lectura es distinta.


Bibliotecas

El fomento de la lectura no es un tema menor. Según el CIS, el 35% de los españoles no lee “nunca o casi nunca” y sólo un 29,3% lo hace de forma periódica, aunque los más optimistas pueden decir que el 65% lee al menos “alguna vez al trimestre”. En concreto los españoles leemos una media de 8,6 libros al año (limitando el cálculo a los dos tercios del país que dicen que sí leen) mientras que en Finlandia los libros leídos por habitante al año son 47.

Cristina Fernández se muestra “muy pesimista” respecto al panorama actual de lectura. “Hay gente que se pasa la vida sin leer un titular de periódico”, lamenta la bibliotecaria, “o  los que te dicen que no les gusta la lectura, pero no les has visto jamás con un libro en la mano”.

En cuanto al papel de las bibliotecas en el fomento de la lectura, Cristina apuesta por una transformación. “Creo que las bibliotecas públicas vamos a transformarnos, de prestar libros no vamos a sobrevivir”, explica. “Lo que pienso y espero es que desde las bibliotecas se impulsen los clubs de lectura, porque hablar de libros mola y es una buena forma de atraer lectores”.

Como empujón a la lectura, desde las Bibliotecas de Pinto se ha lanzado el hashtag #Pintolee, donde miembros del Club de Lectura recomiendan sus lecturas favoritas e invitan a los vecinos a compartir las suyas.


Tiempo y esfuerzo | “Leer requiere esfuerzo y tiempo”, dictamina Cristina, “por ello es muy difícil que la lectura compita hoy en día con los programas basura de televisión u otros productos que no exigen esfuerzo: videojuegos, internet…”.

Por ello, querer formar parte del Club de Lectura tiene requisitos: “hay que trabajar la lectura, echarle ganas y decir: voy a aprender”.

Las principales bajas del club vienen de gente que acude buscando leer best seller. “Aquí tienes que tener la mentalidad para decirte: vale, a mí no me gusta Pío Baroja, no he leído nunca una obra de Pío Baroja, pero voy a meterme en el club donde me ‘obligarán’ a leerle, me enseñarán cosas sobre él y entonces descubriré que Pío Baroja mola”.

Es obvio, para formar parte de un club de lectura debe gustarte leer. Pero si piensas que los clubs de lectura son cosas de “frikis” o clases de literatura comparada, te equivocas. Paula, Jesús, Susana, David, Manuel, Ana Marga, Juan Alberto, Marga, Susana y  Maria del Mar no son esnobs de la lengua ni catedráticos de la literatura, son amigos unidos por los libros que comparten y disfrutan su pasión por la lectura. ¿Quién no quiere amigos así? A quien escribe, la han convencido.

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