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Bartolomé del Valle
Miércoles, 3 de agosto de 2016
A través del programa “Vacaciones en paz”

Gdeim Izik convierte a Ciempozuelos en el nuevo mundo para tres niños saharauis

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Hasta ahora los niños saharauis que habían llegado a Ciempozuelos lo hacían a través de asociaciones de otras localidades, pero el interés generado en el acto de bienvenida celebrado por primera vez el pasado verano fue el germen que necesitaban los voluntarios de esta asociación.

[Img #15298]En su primer año de funcionamiento, la asociación de Ciempozuelos con el pueblo saharaui “Gdeim Izik” ha convertido en realidad el sueño de tres pequeños que están pasando el verano con otras tantas familias de acogida en el municipio. Mohamed, Mami y Mariam son tres niños que, como todos los que llegan a España a través del programa “Vacaciones en paz”, se muestran tímidos, sonrientes y agradecidos.

Hasta ahora los niños saharauis que habían llegado a Ciempozuelos lo hacían a través de asociaciones de otras localidades, pero el interés generado en el acto de bienvenida celebrado por primera vez el pasado verano fue el germen que necesitaban los voluntarios de esta asociación.

Raúl Bedrina, presidente de Gdeim Izik de Ciempozuelos, recuerda que hubo mucha gente que se interesaba y se quería comprometer y “fue lo que nos animó a dar el paso”. Casi un año después, se puede decir que ha sido un éxito. Lo logrado en Pinto, a través de la asociación ‘Pinto con el Sáhara’ desde 1997, y en otras localidades es el ejemplo a imitar.

La solidaridad de los vecinos de Ciempozuelos es el sustento para ofrecer un verano mejor a los niños saharauis. La forma más directa de contactar es a través de la página de Facebook de la asociación, “Gdeim Izik Ciempozuelos Con El Pueblo Saharaui”.

El choque | Estos pequeños han tenido que superar distintas barreras para empezar a disfrutar de lo que siempre recordarán como una experiencia inolvidable. El idioma, el miedo a lo desconocido, la adaptación a un modo de vida muy diferente a lo que conocían hasta ahora, pero sobre todo, el alejarse de sus familias durante casi dos meses.

No es de extrañar que lo primero que pidan nada más bajar del avión sea llamar por teléfono a las familias que dejaron llorando en el campamento de refugiados de la frontera de Argelia, en el Sahara. Desde 1975 hicieron de la frontera su hogar. En los campamentos de Ausserd, Dajla, 27 de febrero, El Aiún, Rabuni y Smara.

Gdeim Izik | El de Gdeim Izik, que da nombre a la asociación ciempozueleña, fue un campamento protesta que duró un mes, llegó a albergar a 20.000 personas y fue desmantelado en 2010 por el ejército marroquí.

Aquí nos quejamos de los cerca de 40 grados que sufrimos. Allí conviven estos días con hasta 54 grados de temperatura. No es de extrañar que una piscina sea para estos pequeños una de las cosas más extraordinarias.

Cambio de rutina | Al levantarse en su cama, lo primero es lavarse la cara, desayunar -leche y cereales-, ducharse, vestirse y prepararse para jugar. En su casa del Sahara, antes que nada, al despertarse, hay que rezar y lavarse la cara para desayunar -cuando hay, leche y queso- e ir a la escuela. Los pequeños reconocen con la mirada baja que tienen que hacerlo bien en la escuela y en casa para que sus familias les dejen vivir esta experiencia, aunque en realidad es la artimaña familiar para seguir educándoles.

[Img #15299]Los niños que ya han visitado nuestro país en veranos anteriores no tienen dudas sobre sus gustos culinarios. Prefieren la comida de aquí: Hamburguesas, patatas fritas, tortilla española y sobre todo, la paella. “La fruta es una experiencia única para ellos: las fresas, las cerezas, el melón… y encima fresquito. ¡Alucinan!” explica con cierta emoción el presidente de Gdeim Izik.

Los nuevos tienen que adaptarse incluso a estar más tiempo en casa. “En el Sahara están acostumbrados a salir corriendo en cuanto pueden para corretear y jugar en la calle, aquí eso conlleva más peligros simplemente por el tráfico” recuerda Raúl Bedrina.

El camino a la sonrisa | Los presidentes de las asociaciones de Ciempozuelos y Pinto coinciden en el importante trabajo previo que se empieza a realizar desde el mes de enero. Recibir a las familias interesadas en acoger temporalmente a uno de los pequeños, explicarles los procedimientos, enseñarles a sobrellevar los primeros días de llantos y a superar el choque cultural -“no tiene que sorprender que estén varios días abriendo y cerrando grifos, apagando y encendiendo la luz o abriendo la nevera para descubrir que las cosas siguen frías. Es completamente novedoso para ellos”, reconoce Raúl Bedrina-.

Pero lo más engorroso son los papeleos para que les permitan salir de allí y luego recibir servicios como el derecho a la sanidad pública. “De todos esos papeleos se encarga la asociación a través de FEMAS. Son en torno a 600 euros entre viajes, seguros… que no se repercuten a las familias en ningún caso. Ellas solo tienen que darles de comer y vestirles”, aclara la presidenta de Pinto con el Sahara.

“En localidades más grandes como Fuenlabrada es el propio Ayuntamiento el que paga estos papeleos, pero en Ciempozuelos la situación económica del consistorio no lo permite” explica Bedrina.

Este año ha habido más problemas a nivel administrativo y también porque algunas familias se han visto más afectadas por la crisis o por miedos. “Todo lo que se ha hablado de los refugiados ha afectado porque la gente tiene miedo a lo desconocido. La gente no entiende que igual que hay radicales y menos radicales en el modo de vida occidental, lo mismo ocurre en el mundo árabe. El Polisario es lo más progresista dentro del mundo árabe. Por ejemplo, las mujeres tiene derecho a divorcio”, detalla el presidente de Gdeim Izik.

Financiación | Las asociaciones financian la llegada de los menores -y los adolescentes que hacen el camino contrario: estudiar aquí e ir al Sahara en verano- a través de mercadillos, conciertos o festivales. Lo que recaudan sirve también para comprar comida y material que envían al Sahara. Es un trabajo de hormiga para recoger poco a poco, porque en la solidaridad no vale ser cigarra. Luego, sobre todo en los meses de verano, la recompensa llega en forma de sonrisa y agradecimiento. Como en el cuento infantil, pero real.

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