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Esther A. Muñoz
Lunes, 22 de febrero de 2016
Fernando y Montse cuentan su experiencia del proyecto ‘Pinto, destino Lesbos’

“La labor de nuestros voluntarios allí es la verdadera marca España”

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pinto destino lesbos

Fernando y Montse son una pareja de pinteños como otras muchas. Fernando trabaja en artes gráficas con turnos de hasta 12 horas y, desde el pasado mes de junio, es concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Pinto. Montse trabaja como dependienta en un Burguer King. Los despidos de la mítica empresa pinteña Mateu Cromo hace años cambiaron la percepción social de Fernando Oliver. Desde entonces se convirtió en un activista de los movimientos sociales: 15M, PAH y ahora el proyecto personal en el que implicó a su esposa, “Pinto destino Lesbos”, con el que han querido hacer algo ante el drama de los refugiados. “Sabemos que nuestra aportación no va a cambiar el rumbo de las cosas, pero nuestra conciencia nos exigía movernos, hacer algo concreto ante la tragedia de los refugiados que escapan de la guerra, la barbarie y el horror. Por ello decidimos irnos a Lesbos, la isla griega a la que intentan arribar diariamente miles de refugiados procedentes de Siria, Pakistán, Afganistán o Irak, y llevar allí nuestra ayuda personal y la solidaridad de los pinteños”.

“Un día llega a casa y me dice: ‘vámonos a Lesbos’. ‘Estás loco’, le contesto. Para mí era un problema del que no íbamos a poder solucionar nada”, cuenta Montse. “Es verdad, él me empujó y poco a poco me convenció. Pensé: aunque no solucione nada por lo menos tendré la satisfacción de saber que allí ha quedado algo de mi voluntad por buscar una solución”. Así, “a lo loco” y en tan sólo 20 días, se lanzaron a Lesbos, donde trabajaron como voluntarios 9 días, del 30 de enero al 7 de febrero.

Viaje | El 30 de enero Fernando y Montse aterrizaban en Lesbos. Con ellos viajaba una maleta llena de medicamentos que el padre de Fernando había conseguido reunir con ayuda de “la farmacia donde vive” y la colaboración de sus vecinos -“imprimió carteles y los pegó puerta por puerta, pidiendo colaboración”, cuenta Fernando, “también nos dio cientos de caramelos para que los repartiéramos entre los niños”- además de más de 700 euros en donaciones al proyecto que entregaron a la ONG española Proactiva Open Arms, formada por un grupo de socorristas de Badalona (Barcelona) que lleva meses ayudando y rescatando personas en Lesbos. Un día antes de la llegada de la pareja pinteña, 40 personas habían perecido en el Egeo, frente a la costa de Lesbos, la mayoría mujeres y niños.

Light House | Montse y Fernando pasaron su estancia en ‘Light House’, un campamento de primera acogida que atiende a los refugiados cuando algunos de los más de dos millones que esperan en Turquía a que las mafias les suban a una lancha de plástico para cruzar los seis kilómetros que les separan de la Unión Europea, consiguen desembarcar en Lesbos. Es huir o morir. “La media del pasaje por persona son más de 1.000 €, los días que hace mal tiempo lo rebajan a 500”, cuenta Fernando.

En Light House los refugiados sólo pasan unas horas, si permanecen demasiado tiempo los voluntarios podrían ser acusados de tráfico de personas. “Llegan empapados, se les seca, se les da ropa y se les ofrece té o sopa”, relata Fernando. Después, “autobuses de Acnur (Naciones Unidas) les llevarán a Moria, un campamento o una cárcel, según se mire, donde el Gobierno griego tiene totalmente prohibido hacer fotos y la entrada de cualquier persona que no sea un refugiado”. Allí, los refugiados deberán aguardar largas colas para demostrar que lo son y poder continuar su viaje. “Vimos a más de 4.000 personas haciendo colas de dos o tres días, con una temperatura de cero grados y lloviendo”.

pinto destino lesbosEsperanza | “Nos ha faltado ver la cara de felicidad de las personas que logran pisar la costa. Nos hemos comido la imagen brutal y más fea de Lesbos y no la alegría”, comenta Montse sobre su viaje. Porque para los refugiados, llegar a Lesbos tiritando de frío “es una felicidad”. “Me ha faltado presenciar esas sonrisas de las personas que piensan que llegar allí es la solución para su vida”, continúa relatando Montse sobre su experiencia, “aunque la realidad es que estás en tierra europea, pero luego qué, ¿cómo rehaces tu vida?”.
Aunque durante su estancia en la isla no llegaron barcas,  Fernando y Montse vieron restos de todo: ropa, zapatos, biberones, cepillos de dientes... “Huyes de una guerra y te acuerdas de tu aseo”, rememora Montse intentando adentrarse en la mente de los refugiados.

Los cinturones | Durante su estancia en Light House, al no haber desembarcos, las tareas de ayuda encomendadas al matrimonio de Pinto (junto a otros más de 30 voluntarios) fueron logísticas.  “Se recogía la ropa de las playas, se lavaba y se agrupaba en tres secciones, grande, pequeña o mediana, para dársela a los refugiados cuando llegaran”, explica Montse sobre una de sus tareas, “las tallas obviamente no coincidían con el tallaje real de cada persona, así que se nos ocurrió que los cinturones de los salvavidas podían servir como cinturones para la ropa. Recorrimos la playa recogiendo restos de cinturones. Es un cachito de nuestra aportación: cientos de cinturones”. Además de cinturones, Fernando y Montse recogieron leña para calentar el campamiento y emparejaron centenares de calcetines.

“Lo que hemos hecho nosotros es prácticamente nada comparado con lo que se hace allí”, apunta con sencillez Fernando.  

Hablar o callar | Fernando y Montse coinciden en que las redes sociales y la cámara son dos ‘armas’ importantísimas en Lesbos para “poder dar información real, no sólo vender la pena, el niño en la orilla y la gente llorando, no, contar la realidad de lo que está pasando allí”. “El problema es lo que no puedes sacar”, cuenta Fernando. “Hay mucha información que no puede salir de ahí, porque en el momento que salga, se acabó, los voluntarios se van a casa”.

A su llegada a Lesbos, el matrimonio fue recibido por Óscar Camps, coordinador de la ONG Proactiva  Open Arms. “Nos relató el drama del día anterior, una embarcación con 300 personas se hundió, sólo consiguieron salvar a 50, estaba muy enfadado con los organismos oficiales y hablaba sin tapujos”, recuerda Fernando. “Nos pidió discreción, por eso me chocó ver la entrevista que concedió a El Mundo ese mismo día”. En la entrevista, Óscar narraba la incompetencia de Fróntex, una embarcación oficial Noruega, en la gestión del naufragio, una torpeza que “costó vidas”.  “La gente se muere literalmente de frío, no se puede meter en la bodega de un barco de chapa a la gente, porque perecerán por hipotermia”, denuncia Fernando, aprovechando para acusar a la Unión Europea de “no hacer nada”. “No dedican sus esfuerzos a recoger a esta gente, sino todo lo contrario, evitan que vengan y criminalizan el trabajo de los voluntarios, quienes están haciendo visible lo que ellos no quieren que se vea”.  

“Ellos llevan una pistola y los voluntarios un flotador”, dice Fernando refiriéndose a la embarcación del Gobierno griego, “un barco con un cañón, lo ideal para salvar vidas”, ironiza.  

pinto destino lesbosMarca España | En Lesbos abundan españoles profesionales y voluntarios como Fernando y Montse, que utilizan sus vacaciones y ponen dinero para ayudar a miles de refugiados que se juegan la vida. “Hay muchísimos voluntarios españoles. El día que nos veníamos (7 de febrero) éramos 11 los españoles de los 14 voluntarios que abandonábamos la isla”.

De hecho, el primer grupo de voluntarios en llegar a la isla fue el de Proactiva Open Armns. “Nuestros voluntarios en Lesbos están dejando el pabellón de España muy alto”, dice Fernando, “allí somos un referente en la ayuda desinteresada, allí España tiene un nombre, no somos conocidos por los toros o la tortilla, nos respetan por nuestros voluntarios”.

Sin embargo, para el de Pinto la verdadera “marca España” no resuena en nuestro territorio: “aquí nos estamos enterando de muy poquito de esto, de la importancia que tiene, no se vende a nuestros voluntarios”.

Las mafias | Una de las imágenes más impactantes del viaje de Fernando y Montse fue el llamado “cementerio de chalecos”, una enorme extensión donde se agolpaban cientos de chalecos “salvavidas”. “Las mafias venden chalecos falsos que para nada te protegen de hundirte, al contrario, se empapan y te empujan al fondo”, desvela Fernando, “lo peor es que la mayoría de los refugiados no saben nadar”.

No es el único engaño que utilizan las mafias que venden los pasajes a Lesbos en botes con 60 o 100 personas. “En Turquía separan a las familias en grupos de hombres y mujeres con niños. Cuando llega el momento de embarcar, si hace mal tiempo, algunos reculan, entonces las mafias les dicen ‘tu mujer y tus hijos ya están allí’, o ‘tu marido partió ayer’, incluso les han llegado a amenazar con pistolas”, narra Fernando.

¿Quién da más? | Es habitual que las personas que viven una acción humanitaria en condiciones difíciles digan que es más lo que han recibido que lo que han aportado. “Llevar a cabo una iniciativa como esta, te llena”, afirma el matrimonio. Ambos esperan que su viaje anime a otra gente a seguir sus pasos: “hay personas que nos han pedido información de cómo es aquello, nuestras vivencias pueden servir para que otros no cometan errores que nosotros quizás sí cometimos, o a decirles dónde son más necesarios o ayudarles a llegar”.

 

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